El Mencho, durísimo golpe contra los abrazos de AMLO. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Pero ¿lucha genuina contra el crimen, o gatopardismo clásico al estilo Caderón-García Luna?
El abatimiento del Mencho ha provocado en el país una combinación peculiar: alivio inmediato y miedo diferido. Alegría porque cae el símbolo más brutal del poder criminal en México; temor porque todos sabemos que las mafias no acostumbran enviar flores cuando les tocan al jefe.
Pero más allá del estruendo mediático, el mensaje político es todavía más potente: la presidenta Claudia Sheinbaum empieza, por fin, a gobernar sin tutelaje.
Ya no se trata de matices. Se trata de control. Y control significa desplazar, sin aspavientos, pero sin titubeos, el fallido intento de maximato que pretendía ejercer su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, con la discreción de un elefante en cristalería.
Los movimientos previos fueron elocuentes. La salida del fiscal decorativo Gertz —en mala hora reciclado diplomáticamente—; la defenestración de Adán Augusto López del control real del Senado —enviado por desgracia al pastoreo electorero en la cuarta circunscripción y en Chihuahua—; el disciplinamiento negociado de Ricardo Monreal, todavía al frente de San Lázaro pese a su previsible naufragio en la Reforma Electoral.

La ecuación es clara: Fiscalía, Congreso, y pronto Gobernación y partido si las previsiones de Salvador García Soto resultan certeras.

Enseguida, el golpe largamente acariciado por García Harfuch: la caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, organización que creció exponencialmente bajo la indulgente política de “abrazos, no balazos”. Ese mantra que pretendía domesticar sicarios con sermones matutinos y quejas ante sus abuelitas.
Nemesio Oseguera Cervantes no era un mito: era un empresario del horror. Su eliminación no es un detalle operativo; es una ruptura narrativa. Contrasta inevitablemente con la decisión —tan pedagógica para el crimen organizado— de liberar a Ovidio Guzmán durante el célebre culiacanazo. Aquel episodio fue la institucionalización del repliegue.

Ahora, incluso las contradicciones verbales de Donald Trump cobran nuevo sentido. Un día llamaba “maravillosa” a la presidenta mexicana; al siguiente insinuaba debilidad frente a los cárteles. Quizá, en privado, escuchó algo distinto a la narrativa pública: la intención de corregir sin dinamitar el puente político con quien la precedió. Porque una cosa es desmontar un legado y otra dinamitarlo en horario estelar.
La pregunta decisiva no es si cayó El Mencho. La pregunta es si caerán sus redes.

Como advierte el analista Edgardo Buscaglia, las mafias no sobreviven por la puntería de sus sicarios sino por la complicidad de ministerios públicos, jueces, fiscales, empresarios y funcionarios de alto nivel. Si la ofensiva no escala hacia ese ecosistema, estaremos ante otro ejercicio de espectacularidad punitiva: cortar una cabeza —como en el mito la Hidra de Lerna— para que broten diez.

Los nombres que suenan como relevos no son secretos de Estado: Juan Carlos Valencia González, “El 03”; Audias Flores Silva, “El Jardinero”; Ricardo Ruiz Velasco, “Doble R”; Heraclio Guerrero Martínez, “Tío Lako”; Gonzalo Mendoza Gaitán, “El Sapo”. El crimen organizado no improvisa sucesiones: las administra.
Si todo se reduce a una revancha personal de Omar García Harfuch —víctima de un atentado ordenado por el ahora abatido— con el añadido geopolítico de agradar a Washington, entonces nada habrá cambiado estructuralmente. Será la vieja historia del descabezamiento mediático mientras la hidra conserva el cuerpo financiero intacto, lo que representaría una ofensa a la memoria de las heroicas víctimas de la Guardia Nacional.

Si el abatimiento termina convertido en episodio aislado, crecerán los rumores: que si fue ejecutado para evitar una extradición incómoda; que si se le silenció antes de hablar demasiado. México es experto en sustituir verdades incómodas por versiones funcionales.
¿Estamos ante un punto de inflexión real o ante una escenificación sofisticada?
Si la presidenta avanza contra la estructura financiera y política que sostuvo al Cártel Jalisco Nueva Generación, estaremos frente al desmontaje de la farsa de los abrazos. Si no, sólo habremos presenciado el cambio de gerente en la franquicia del horror.
Y entonces la mezcla de alegría y temor que hoy recorre al país se inclinará, inevitablemente, hacia lo segundo.
Si todo queda en un gatopardismo para continuar con la pax narca de la 4té, me atrevería a vaticinar que el sustituto será “El Tío Lako“, por la simple razón de que Heraclio Guerrero Martínez está vinculado con los más altos funcionarios del obradorismo en el mayor operativo de lavado de dinero en la historia nacional: el huachicol fiscal.





