Sheinbaum no ve o no quiere ver la grave problemática nacional: Salvador García Soto

Prefiere autoengañarse con su visión idílica y complaciente de la realidad de nuestro país
Por Jesús López Segura
La columna de Salvador García Soto (Las prioridades de la Presidenta. El Universal) es en esencia, un inventario de incendios —literal y figurado— frente a un gobierno que parece más interesado en pulir su narrativa que en apagar fuegos. Mientras el país acumula tragedias: derrames petroleros que envenenan costas, explosiones mortales en instalaciones de Petróleos Mexicanos y episodios de violencia que ya ni sorprenden, la administración de Claudia Sheinbaum opta por el deporte nacional del sexenio: la distracción estratégica. La realidad arde, pero el discurso oficial se entretiene en reformas electorales que suenan más a cálculo político que a solución de problemas.
El retrato es incómodo: una presidenta que, según el columnista, administra prioridades como si el país fuera un laboratorio de teoría política y no un territorio atravesado por crisis simultáneas. La insistencia en una reforma para la revocación de mandato en 2027 —convenientemente sincronizada con elecciones— aparece como una jugada de control narrativo, mientras temas como la violencia, la contaminación o el colapso de servicios públicos quedan relegados a menciones marginales, cuando no al silencio absoluto.
García Soto no se queda en la superficie: acusa una desconexión estructural entre el poder y la realidad. Sugiere que la austeridad selectiva —recortar regidores mientras se fugan miles de millones en corrupción, huachicol y programas clientelares— es más maquillaje que cirugía. Y remata con una crítica punzante: el gobierno prefiere mirar los problemas de Cuba, lamentando tragedias ajenas, antes que reconocer las propias, donde escasean medicamentos, agua y seguridad.
En tono mordaz, la columna concluye que la popularidad, los votos y la buena prensa internacional no sustituyen algo más básico: la empatía y la capacidad de respuesta. En este retrato, Claudia Sheinbaum no gobierna un país en crisis, sino una narrativa en campaña permanente. Y mientras tanto, lo urgente —como suele pasar— puede esperar.





