jueves, abril 9

Grecia Quiroz expresa, ante un medio local, que luchará por la gubernatura

0
1

”Si acepto este reto es porque las cosas realmente tienen que cambiar para Michoacán”

Por Jesús López Segura

La eventual candidatura de Grecia Quiroz a la gubernatura de Michoacán no puede leerse como un movimiento político convencional, sino como la prolongación de un conflicto que desborda lo electoral y se instala en el terreno de la disputa por el poder real: ese donde convergen crimen organizado, estructuras partidistas y silencios institucionales.

Gerardo Fernández Noroña, Leonel Gody e Ignacio Campos

El asesinato de su esposo, Carlos Manzo, ocurrido a plena luz pública durante una celebración, no sólo eliminó a un extraordinario actor político en ascenso; también evidenció los límites de la protección estatal frente a la violencia que atraviesa a Michoacán. Que hoy su viuda contemple competir por la gubernatura —como reconoció ante un medio local— implica algo más que capitalizar una base social: representa la posibilidad de que la contienda electoral se convierta en un espacio de confrontación directa con quienes ella misma ha señalado como presuntos responsables intelectuales del crimen.Las acusaciones de Quiroz contra figuras como Leonel Godoy, Raúl Morón Orozco e Ignacio Campos —todas negadas por los aludidos— elevan el nivel del conflicto: ya no se trata únicamente de esclarecer un homicidio, sino de cuestionar la posible intersección entre poder político y violencia criminal. En ese contexto, la insistencia de Quiroz en ir más allá de los autores materiales cobra especial relevancia, sobre todo cuando el propio proceso judicial muestra fisuras, como la intención de Jorge Armando N de acogerse a un procedimiento abreviado que reduciría su condena a cambio de declararse culpable.

Leonel Godoy y Raúl Morón

Ese punto es crucial: si el caso se cierra con una confesión que abarate la pena, el sistema judicial corre el riesgo de clausurar la verdad en su nivel más superficial, dejando intactas las estructuras que habrían hecho posible el crimen. En otras palabras, castigar al ejecutor sin desentrañar la red de intereses detrás del asesinato.Por eso, la posible candidatura de Quiroz adquiere una dimensión política singular. No es sólo la continuidad de un liderazgo truncado, sino la irrupción de una figura que, desde dentro del sistema, busca confrontarlo. Su advertencia de que enfrentará “un sistema muy corrupto” no suena a consigna de campaña, sino a diagnóstico: en un entorno donde casi una veintena de detenidos no ha bastado para esclarecer el móvil del crimen, y donde las autoridades no han ofrecido una narrativa convincente, la competencia electoral podría convertirse en un mecanismo de presión que obligue a romper inercias.En ese sentido, la importancia de que Quiroz dispute la gubernatura radica en que introduce un elemento incómodo para el statu quo: la posibilidad de que la memoria del asesinato de Manzo no se diluya en expedientes judiciales ni en negociaciones políticas. Su candidatura, de concretarse, tensionaría el proceso electoral al convertirlo en algo más que una lucha por el poder: en un intento por disputar también la verdad y la justicia en un estado donde ambas parecen, hasta ahora, administradas por presuntos criminales.La disposición de la valerosa viuda a competir por el más alto cargo en la entidad constituye también una bofetada a los senadores misóginos y cobardes que recientemente coreaban —encabezados por el siniestro Gerardo Fernández Noroña—, el nombre de Morón a coro de buleadores vulgares en el recinto senatorial.

Comments are closed.