martes, febrero 17

Oficios internos de la SEP desmienten a Claudia Sheinbaum. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Marx se negó a borrar 192 contenidos “no pertinentes”, “sin sentido”, “confusos”, “incompletos” y hasta “no didácticos”

Según un reporte de Proceso basado en una serie de oficios internos de la SEP a los que la revista tuvo acceso, la Presidenta Sheinbaum miente drásticamente sobre la realidad de los libros de texto confeccionados por Marx Arriaga, al reiterar hoy mismo en La Mañanera lo que ha venido sosteniendo: que “los libros de texto están bien hechos y Marx Arriaga hizo un excelente trabajo… aunque todo se puede enriquecer”.

De acuerdo con lo publicado hoy en la edición digital de Proceso, la caída de Marx Arriaga no fue —según los oficios internos de la SEP— por una épica defensa ideológica ni por la inclusión de mujeres en la historia, sino por algo mucho más terrenal: se negó a borrar 192 contenidos de unos libros que, irónicamente, la propia subsecretaría calificó como “no pertinentes”, “sin sentido”, “confusos”, “incompletos” y hasta “no didácticos”.

Es decir: el desastre no era externo. Estaba impreso.

Los documentos firmados por la subsecretaria Angélica Noemí Juárez Pérez ordenaban mutilar más de una tercera parte de los materiales de preescolar. En primer grado, 47 de 126 contenidos debían desaparecer. En segundo, 41 de 119 eran poco menos que un galimatías pedagógico. En tercero, otros 37 señalados como prescindibles. Y en los libros para maestros, 67 contenidos más a la guillotina editorial.

Si uno suma, el “proyecto transformador” parecía más bien una poda de emergencia.

Y la cosa no se quedaba en preescolar. En primaria detectaron ausencias tan revolucionarias como enseñar a escribir el propio nombre, leer en voz alta, narrar eventos familiares o describir objetos y seres vivos. Actividades que, en cualquier sistema educativo mínimamente funcional, no se consideran un lujo opcional sino el abecé mismo de la alfabetización.

Mientras tanto, el célebre Un libro sin recetas para la maestra y el maestro debía compactarse por austeridad republicana y “eficiencia presupuestal”, aunque eso implicara eliminar capítulos completos. Traducido: menos teoría, menos soporte, más fe en que la Nueva Escuela Mexicana se sostenga por inspiración divina.

Arriaga respondió que modificar todo eso a esas alturas era inviable, que los materiales ya estaban liberados para el ciclo 2026-2027 y que cambiar casi la mitad del contenido implicaría rehacer el trabajo completo. También alegó invasión de atribuciones y recordó que los libros habían sobrevivido a amparos y controversias constitucionales.

Pero el intercambio de oficios deja algo claro: la supuesta joya pedagógica de 107 materiales “sin delegar a editoriales privadas” terminó bajo fuego interno por fallas elementales de coherencia, claridad y pertinencia.

Así que la narrativa heroica de resistencia ideológica se estrella contra una realidad menos romántica: cuando desde dentro te piden borrar decenas de páginas porque no se entienden, no enseñan o no sirven, el problema ya no es la oposición política. Es el producto.

 

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