México es una “autocracia electoral”: V-Dem Institute. AL GRANO. Por Jesús López Segura

La respuesta de Sheinbaum: “México es el país más democrático del mundo”
Cada año, el instituto sueco V-Dem revisa la evolución de más de 600 indicadores para cada país que reflejan el estado de su democracia, apoyándose en una red de varios miles de investigadores de todo el mundo.
El más reciente informe del V-Dem Institute concluye que México ha dejado de ser una democracia para convertirse en una “autocracia electoral”, una categoría que no elimina las elecciones, pero sí evidencia un deterioro sustancial en el funcionamiento institucional.
El diagnóstico atribuye este proceso a la concentración de poder político desde 2018 bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y su continuidad con Claudia Sheinbaum, incluyendo el control del Ejecutivo y Legislativo, así como reformas que han politizado al Poder Judicial. En este contexto, México es ubicado por debajo de países como India o Perú en calidad democrática.
El caso mexicano se inserta en una tendencia global de “autocratización”, caracterizada por el debilitamiento de libertades civiles —especialmente la libertad de expresión— y el aumento de la polarización política. El informe advierte que, aunque los derechos formales persisten, su ejercicio se ve cada vez más limitado en la práctica. A nivel mundial, las autocracias ya superan en número a las democracias, y el retroceso democrático ha llevado los estándares globales a niveles de finales de los años setenta, con el riesgo latente de que los regímenes en proceso de degradación terminen por colapsar, dando paso a las ultraderechas.
Mientras tanto y como respuesta al estudio de la reconocida institución sueca, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, proclamó, con entusiasmo de plaza pública, que México es “el país más democrático del mundo”, aunque el resto del planeta parece haber extraviado el memo.
Desde un acto en Oaxaca, la mandataria no solo defendió que el país vive una democracia plena, sino que elevó a prueba irrefutable la elección de ministros de la Suprema Corte, como si la politización judicial con estrategia de acordeones, fuera ahora medalla olímpica del civismo. En su narrativa, quien discrepa no debate: conspira; no critica: “desequilibra el Estado de Derecho”.
Pero fuera del templete, la evaluación es menos lírica y más incómoda. El V-Dem Institute —uno de los termómetros globales más citados en la materia— coloca a México en la categoría de “autocracia electoral”, es decir, un sistema donde las urnas sobreviven, pero la calidad democrática se erosiona.
El contraste es brutal: mientras el discurso oficial presume una democracia ejemplar, los indicadores internacionales la ubican por debajo de países como India o Perú y atribuyen el deterioro a la concentración de poder iniciada con Andrés Manuel López Obrador y profundizada con reformas que, lejos de blindar instituciones, las alinean. Dos Méxicos: uno que se aplaude a sí mismo y otro que el mundo observa con creciente preocupación.





