Claudismo VS obradorismo duro. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

Claudia Sheinbaum emprendió la “desandynización de las aduanas”: Salvador García Soto
Dos columnas de hoy plantean los graves riesgos del morenismo en el proceso electoral del 2027. Una advierte que esos riesgos se derivan de la presunta mala operación política de Claudia Sheinbaum, pero la otra se refiere más bien (sin mencionarlo así) a la odisea emprendida por la presidenta para deshacerse de la influencia del maximato de Palenque.
La columna de Raymundo Riva Palacio (“SOS Elecciones en riesgo”. EL FINANCIERO) traza un diagnóstico político inquietante para el oficialismo: el poder territorial de Morena comienza a erosionarse justo cuando más necesita cohesión para sostener su proyecto nacional.
El análisis sostiene que el desgaste en el ejercicio del poder, sumado a gestiones estatales mal evaluadas y a una notoria falta de operación política desde el centro —atribuida a Claudia Sheinbaum—, ha abierto grietas que podrían traducirse en derrotas clave en 2027. Estados como Campeche, Michoacán y San Luis Potosí aparecen como focos rojos no sólo por la debilidad electoral, sino por conflictos internos y tensiones con aliados.
El elemento más delicado no es únicamente la posible pérdida de gubernaturas, sino la fragmentación de la coalición gobernante y el consecuente quebranto de la mayoría calificada en el Congreso. El texto subraya que el Partido Verde Ecologista de México y el PT ya exploran rutas propias, lo que convertiría una derrota local en un efecto dominó nacional.
A la par, Riva Palacio describe un clima de disputa interna en Morena, donde figuras como Adán Augusto López y Ricardo Monreal operan con agendas propias, debilitando la capacidad presidencial para disciplinar al partido. Estas pugnas no sólo entorpecen la agenda legislativa, sino que amenazan con trasladarse al terreno electoral, advierte el columnista.
A su vez, Salvador García Soto (El fracking y la “desandynización” del gobierno. EL UNIVERSAL) plantea una lectura distinta del momento político: más que decisiones aisladas de la mandataria que, “por torpeza”, podrían estar afectando la unida de Morena, lo que empieza a observarse en el gobierno de Claudia Sheinbaum sería un intento gradual —aunque todavía contenido— de marcar distancia con el legado y las estructuras heredadas de Andrés Manuel López Obrador.
El texto identifica dos movimientos clave que apuntan en esa dirección. El primero es el viraje en política energética con la reapertura al fracking, una decisión simbólicamente potente porque contradice uno de los postulados más reiterados del obradorismo. Más allá de su justificación técnica —reducir la dependencia del gas estadounidense—, García Soto sugiere que el fondo del asunto es político: Sheinbaum comienza a desmontar, aunque sea parcialmente, las definiciones ideológicas de su antecesor para responder a presiones económicas y políticas del trumpismo.
El segundo movimiento es aún más revelador por su carácter interno: la reconfiguración de la Agencia Nacional de Aduanas de México. La salida de cuadros vinculados a Andrés Manuel López Beltrán —figura clave en la operación informal de poder durante el sexenio anterior— es interpretada como una “limpia” que busca desmontar redes de influencia construidas al amparo del lopezobradorismo. El concepto de “desandynización” que recoge la columna no es menor: implica reconocer que existía una estructura paralela de poder dentro del gobierno y que ahora estaría siendo desmantelada.
Así, la columna de García Soto deja abierta una interrogante central: si esta “desandynización” es apenas un reacomodo táctico o el inicio de una redefinición más profunda del proyecto gobernante, en la que Claudia Sheinbaum busque dejar de ser continuadora para convertirse, plenamente, en autora de su propio gobierno.
Riva Palacio escribe textualmente: “López dejó la coordinación de la bancada en el Senado, pero no el poder. Sheinbaum fracasó para que se fuera a una embajada ante las presiones de Estados Unidos para que iniciara una carpeta de investigación en su contra, y solo le alcanzó para nombrar a Ignacio Mier en su lugar. Sin embargo, Mier es un soldado de López, evidenciado por el cabildeo y la presión que ejerció sobre los senadores de Morena para que viajaran recientemente a Ciudad Juárez al virtual lanzamiento de Andrea Chávez como precandidata a la gubernatura”.
Lo que Riva Palacio ve como riesgo electoral inminente por “errores o limitaciones en la operación política de Sheinbaum“, García Soto lo traduce —a mi modo de ver correctamente— en un cruzada de Sheinbaum para limitar la operación política que se fragua en Palenque para copar los espacios de poder que se gestarán en el proceso electoral del 27.
El Estado de México —que no se menciona en los análisis de estos famosos columnistas porque la gubernatura no será renovada en el 27— ofrece un ejemplo diáfano de las disputas de poder entre el claudismo y el obradorismo duro: Ya desde ahora, por ejemplo, está desatado el ex director de Aduanas, Horacio Duarte, uno de los más conspicuos ejemplares del obradorismo duro, en bregar por la sucesión de la maestra Delfina Gómez, otro producto puro del obradorismo salvaje, mientras que el doctor Higinio Martínez, nombrado recientemente vicecoordinador de los senadores —con el beneplácito de la Presidenta Claudia Sheinbaum— se erige como el mejor encaminado en las encuestas adelantadas, al menos en la más reciente de Massive Caller, donde los porcentajes sumados de Martínez y sus aliados de “Mexiquenses de Corazón“, superan a los del ya no tan “poderoso” secretario general de Gobierno, a quien —me comentan— Sheinbaum no puede ver ni en pintura.





