viernes, octubre 9

Recrudece Sara Carter amenazas contra presuntos narcopolíticos. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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La zarina antidrogas de Trump no está jugando: “No nos importa si eres gobernador; iremos por ti”

La amenaza de Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos, no admite demasiadas interpretaciones ni deja mucho espacio para las acostumbradas simulaciones diplomáticas: quien colabore con los cárteles mexicanos, sin importar el cargo que ocupe, será perseguido. Gobernadores incluidos. Así, sin anestesia y sin inmunidades políticas reconocidas de antemano.

En entrevista con Karina Yapor, para Voz Media USA, la funcionaria —conocida como la zarina antidrogas— fue terminante al transmitir el mensaje del presidente Donald Trump: “Te encontraremos, iremos por ti y nos aseguraremos de que pagues el precio”. Una advertencia que coloca a los políticos presuntamente vinculados con el crimen organizado ante una perspectiva bastante menos cómoda que la de refugiarse tras el fuero, el cargo público o la retórica soberanista.

Carter vaticinó que, durante los próximos dos años y medio, y probablemente más allá de la administración Trump, ningún integrante de los cárteles ni sus socios políticos podrá dormir tranquilo. La zarina no se anduvo por las ramas: Washington pretende que el miedo cambie de domicilio y deje de ser patrimonio exclusivo de los ciudadanos sometidos al poder criminal.

El mensaje llega en un momento particularmente delicado para la política mexicana, después de que el Departamento de Justicia estadounidense anunciara acusaciones contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios y exfuncionarios, por presunta colaboración con la facción de Los Chapitos, del Cártel de Sinaloa. México ha exigido pruebas de los señalamientos, una petición legítima que deberá resolverse por las vías legales correspondientes. Pero una cosa es exigir evidencias y otra muy distinta suponer que la investidura pública constituye un salvoconducto frente a las investigaciones.

La funcionaria reconoció la cooperación del gobierno mexicano, aunque reclamó intensificar los esfuerzos contra el narcotráfico. Invitó a ambos países a trabajar juntos para desmantelar los cárteles y lanzó una pregunta que, por su sencillez, resulta incómoda para cualquier gobierno: ¿por qué permitir que estas organizaciones sigan operando en nuestras naciones?

La respuesta de Carter fue inequívoca: Estados Unidos ya no lo permitirá.

Y conviene tomar nota. La zarina no está jugando a las declaraciones espectaculares ni parece interesada en envolver sus advertencias en el celofán de la corrección diplomática. Su mensaje es directo, personal y deliberadamente intimidante: si hay políticos que colaboran con los cárteles, el cargo no los salvará de la persecución estadounidense.

Para los hipotéticos funcionarios mexicanos que pudieran sentirse intocables, la advertencia tiene una crudeza difícil de disimular: el fuero podrá servirles en casa, pero no deberían apostar su tranquilidad a que también los protegerá al otro lado de la frontera.

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