miércoles, enero 21

Delfina Gómez propina golpe político a Marcelo Ebrard: cesa a Daniel Sibaja en Movilidad

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Llega al relevo, entre otros cambios en el gabinete, Juan Hugo de la Rosa, ajeno al Grupo Texcoco

Por Jesús López Segura

El relevo en la Secretaría de Movilidad del Estado de México no ocurrió en el vacío. Daniel Sibaja González dejó el cargo tras una gestión marcada por dos episodios que erosionaron severamente su capital político: el aumento a las tarifas del transporte público y un enlace matrimonial calificado como dispendioso, que exhibió la distancia entre el discurso de austeridad de la Cuarta Transformación y las prácticas de algunos de sus cuadros, de acuerdo con la lectura periodística de Veneranda Mendoza en Proceso.

En su lugar fue designado Juan Hugo de la Rosa García, diputado federal con licencia y operador político con largo recorrido en el oriente mexiquense. La decisión no solo busca despresurizar una de las áreas más sensibles del gobierno estatal, sino también enviar una señal clara de reacomodo interno en un momento de redefiniciones dentro del morenismo mexiquense.

En semanas recientes, el ahora exsecretario fue visto en actos de Mexiquenses de Corazón, una expresión política hoy distanciada del núcleo de poder estatal que encabezan la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares. Su salida, más que un ajuste administrativo, confirma que en el Estado de México las lealtades mal alineadas también cobran factura. De acuerdo con versiones oficiales, Sibaja podría integrarse próximamente a una cartera del Gobierno Federal.

El nuevo titular de Movilidad, Juan Hugo de la Rosa García, llega con un perfil distinto. Dirigente nacional de Unidos por un Mejor País, organización aliada de Morena, pero ajena a las pugnas del Grupo Texcoco, fue dos veces alcalde de Nezahualcóyotl y diputado local. Su nombramiento parece apostar por un operador con oficio territorial y menor desgaste mediático, en una dependencia donde cualquier error se traduce de inmediato en malestar social.

Los ajustes alcanzaron otras áreas estratégicas. Joel González Toral fue ratificado como director general de la Junta de Caminos del Estado de México, cargo que ya ocupaba como encargado de despacho, tras la renuncia de Ariel Juárez Jiménez en diciembre pasado. Juárez quedó marcado por el escándalo en la plaza Town Square de Metepec, donde acompañó al diputado federal del PT, Wblester Santiago Gutiérrez, en un episodio de agresiones verbales y daños a la infraestructura que volvió políticamente insostenible su permanencia.

González Toral, ingeniero civil por el IPN, con más de dos décadas de experiencia en obra carretera y formación en alta dirección y administración pública, representa una apuesta técnica luego de un episodio que evidenció la fragilidad política del área.

También se oficializó el nombramiento de Leo Larraguivel Hinojosa como director del Registro Civil y de David Silva Miranda como titular del Instituto de la Función Registral, ambos con perfiles jurídicos y trayectoria en la administración pública local, particularmente en Texcoco, bastión político de la gobernadora.

El Gobierno del Estado de México sostuvo que estos movimientos refrendan su compromiso con una administración eficiente y cercana a la ciudadanía. Sin embargo, el mensaje de fondo es otro: en el nuevo equilibrio del poder mexiquense, los escándalos —por pequeños que parezcan— dejaron de ser tolerables cuando golpean el relato central del proyecto político. En esa lógica, Sibaja dejó de ser funcional.

Una lectura adicional apunta hacia la pérdida de peso político de Marcelo Ebrard dentro del gobierno federal. Su ausencia en espacios estratégicos como el Foro Económico Mundial de Davos —donde será sustituido por Alicia Bárcena y Altagracia Gómez— coincide con un momento delicado para la relación comercial con Estados Unidos, mientras Donald Trump vuelve a descalificar abiertamente el T-MEC. En ese contexto, la defenestración de Daniel Sibaja, su principal operador en el Estado de México, podría entenderse menos como un ajuste local y más como un síntoma del reacomodo nacional.

 

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