jueves, enero 22

Donald Trump padece “Demencia frontotemporal”: Astillero TV. AL GRANO. Por Jesús López Segura

0
10

No llegará en sus cabales al mundial de Futbol, revela psiquiatra Héctor L. Frisbie

En charla con Julio Hernández López, el reconocido psiquiatra Héctor L. Frisbie analizó, con un enfoque estrictamente profesional, la gravísima situación patológica de Donald Trump. El diagnóstico es demoledor: el presidente de Estados Unidos padece un síndrome neurológico complejo que puede resumirse —para evitar tecnicismos médicos, como explica el propio especialista, “porque no se trata de un foro científico”— en una frase brutalmente clara: Trump no llegará en sus cabales al Campeonato Mundial de Futbol.

En términos coloquiales, para que nadie se llame a engaño, a don Donald ya no le llega bien el agua al tinaco. Le patina la azotea. Está más loco que una cabra y, de acuerdo con la progresión natural de este padecimiento, pronto podría ni siquiera controlar sus esfínteres, mucho menos las delicadísimas tareas propias del cargo más poderoso del planeta. No se pierda usted el video que acompaña estos comentarios.

El psiquiatra desmenuza uno por uno los dislates públicos del mandatario, que confirman un diagnóstico que sería muy sencillo de demostrar con la simple publicación de los resultados de una resonancia magnética. El padecimiento es el mismo que sufre Bruce Willis: demencia frontotemporal, caracterizada por la desaparición progresiva y continua de la corteza cerebral en la región frontal.

Insultar a una reportera llamándola “puerca” porque no le gustó una pregunta; montar rabietas públicas en foros internacionales como Davos; amenazar con aranceles a la menor provocación o incluso porque vuela la mosca, son conductas que apuntan con claridad hacia este cuadro patológico, a menudo confundido con el Alzheimer.

El especialista recuerda además que Trump ordenó colocar letreros en distintas habitaciones de la Casa Blanca, una técnica común en pacientes con este tipo de demencia para evitar que se extravíen incluso dentro de su propio hogar.

Si Trump está cada vez más —literalmente— loco, la pregunta es obligada: ¿qué puede esperar el mundo cuando los botones capaces de destruirlo están en manos de alguien así?

Ahora bien —y ya que se ha tocado un tema tan delicado— conviene preguntarse también ¿qué puede esperarse de un sistema político que somete a presiones extremas a sus liderazgos femeninos? Una presidenta que, por ejemplo, de pronto decide regañar públicamente a su secretario de Seguridad y hombre fuerte de su gabinete —como revela Carlos Loret de Mola en El Universal—, reclamándole que reparta más balazos que abrazos para alcanzar cifras encomiables en la reducción del delito. Una meta que, supuestamente, ella misma se ha planteado como prioritaria, pero que ahora parece reprocharle como si alguien, desde su rancho, le hubiera dictado el guion.

Ya entrados en la psicología de bolsillo, sugiero analizar con cuidado algunos padecimientos que afectan a las mujeres tras milenios de dominación machista a escala planetaria, pero con rasgos particularmente agresivos en México:

Dependencia emocional: necesidad afectiva extrema hacia un hombre, generalmente su pareja, marcada por miedo al abandono, búsqueda constante de aprobación y creencia de que la propia felicidad depende del otro, lo que conduce a tolerar relaciones profundamente asimétricas.

Trastorno de la personalidad dependiente: implica un temor extremo a la separación. Quienes lo padecen tienen serias dificultades para tomar decisiones sin consejo externo.

Codependencia: la vida gira alrededor de las necesidades, deseos o incluso adicciones del otro, relegando la propia autonomía. Se normaliza el sufrimiento y se busca validación personal a través del sacrificio por la dificultad extrema de romper el lazo.

De ningún modo sugiero que doña Claudia Sheinbaum, de todas mis consideraciones, padezca alguno de estos síndromes respecto de su padrino político. Lo que afirmo es que la dominación machista en México es tan grave, luego de tres siglos de opresión colonial, que la primera mujer presidenta debe ser apoyada por todos, hombres y mujeres, para evitar que una inercia maldita de patriarcado salvaje termine por asfixiarla. Sobre todo, cuando un desquiciado superpoderoso como Trump, la amenaza a diario.

Comments are closed.