viernes, enero 30

Culpar a los pasajeros del Tren Interoceánico, una de las opciones. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Ernestina Godoy procesa al chofer “por exceso de velocidad”. Y eso, desde luego, ya significa otro pedo

Aunque usted no lo crea, una de las ocurrencias que los asesores de Ernestina Godoy estuvieron a punto de poner sobre la mesa, ante la orden tajante de exculpar a Bobby —y a su pandilla de proveedores de balastro chafa—, fue responsabilizar a los pasajeros por el descarrilamiento del Tren Interoceánico. Sí: a los pasajeros.

El argumento, digno de una antología del disparate, sostenía que los usuarios se sentaron mayoritariamente de un solo lado del vagón, rompiendo el equilibrio, como si no se tratara de un tren sino de un velero —ése sí, interoceánico—, provocando un desbalance fatal que desembocó en el accidente.

Desechado ese ingenioso pero insostenible plan, optaron por la salida más cómoda: culpar al chofer por “exceso de velocidad”. Lo curioso es que oficialmente se ha reconocido que la vieja y obsoleta máquina carecía, nada menos, de velocímetro. Un detalle menor que, en cualquier país y fiscalía civilizados —es decir, donde no se usan locomotoras de hace 30 años sobre vías del porfiriato— habría exculpado ipso facto al conductor. Pero estamos en nuestro México lindo y querido de la 4T, donde el chofer ya duerme en prisión, junto con el supervisor y, si se descuidan, hasta con el vendedor de boletos.

Resulta que Bobby López Beltrán, el honorario supervisor de la obra, permitió que un tren cuya velocidad máxima no debía superar los 50 kilómetros por hora, viajara a 65. La pregunta es inevitable: ¿cómo saben eso si el velocímetro no funcionaba?

¿Y los que están grabados diciendo que “ya si se descarrila el tren, ése será otro pedo”?

Esos duermen sobre balastro de oro macizo, en espera del próximo “accidente” programado.

¿Y don Andrés, que puso a Bobby como supervisor “honorario” de la obra?

Silencio. Porque aquí, como siempre, la culpa se reparte hacia abajo, mientras la impunidad viaja en primera clase.

De cualquier modo, ya don Francisco Arturo Federico Ávila Anaya — el vocero mil usos de Morena— se encarga del asuntillo en cualquier debate y programa de análisis que usted pueda imaginar. Es un experto en la prevaricación de hechos y la perversión de la verdad.

¿Y doña Claudia, esa “líder maravillosa e inteligente” (Mr. President Ku Klux Klan dixit), no nos debe una explicación plausible a los mexicanos? ¿Realmente piensa poner en marcha otra vez ese Frankenstein ferroviario armado para circular sobre durmientes podridos, rieles y balastro muertos?

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