Se prepara un “Plan B” con Canadá por si Trump decide disolver el T-MEC, pero Sheinbaum lo niega

Marcelo Ebrard confirmó que México trabajan con Mark Carney en un plan de acción bilateral
En el manual de “cómo decir que no pasa nada cuando sí pasa algo”, la presidenta Claudia Sheinbaum parece haber encontrado su capítulo favorito: el que dicta que, ante los amagos de Donald Trump contra el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, lo mejor es anunciar con serenidad budista un “plan B”… que, aunque se niegue, casualmente se parece mucho a prepararse para el divorcio.
Porque mientras el inquilino de la Casa Blanca pide a su equipo analizar qué tan complicado sería dinamitar el acuerdo comercial de América del Norte, en Palacio Nacional se insiste en que todo fluye, que los tiempos del tratado son los del tratado y que Canadá es “un socio muy confiable”. Traducción: si Washington decide patear el tablero, más vale que Ottawa ya esté del otro lado de la mesa.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que México y el gobierno de Mark Carney trabajan en un plan de acción bilateral que será presentado en el segundo semestre del año. Oficialmente, se trata de “capitalizar” 30 años de integración comercial, desde el TLCAN hasta el T-MEC. Extraoficialmente, suena a ensayo general para cuando el trío se convierta en dueto.
Analistas como Jorge Molina y agencias como HR Ratings ya advierten lo evidente: el T-MEC podría mutar en dos acuerdos bilaterales, fragmentando el bloque y reescribiendo reglas de origen, flujos de inversión y cadenas de suministro. Es decir, lo que hoy se presenta como fortalecimiento estratégico podría ser, en realidad, la administración anticipada del daño.
En Washington y Ottawa se calcula incluso una probabilidad del 25% de que Trump decida sacar a Estados Unidos del acuerdo para renegociar por separado con México y Canadá. Y el argumento estrella podría ser el de los minerales críticos, esa nueva fiebre geopolítica que enfrenta a China y Estados Unidos y que convierte a puertos, maquilas y minas en piezas de ajedrez.
Mientras tanto, las misiones empresariales van y vienen: delegaciones canadienses visitarán Guadalajara y Monterrey; empresarios mexicanos harán lo propio en Canadá. Más de 1.5 billones de dólares en comercio anual —según el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (Comce)— dependen de que el edificio no se venga abajo.
Pero en la narrativa oficial no hay grietas, sólo oportunidades. No es plan de contingencia: es visión estratégica. No es reacción a Trump: es profundización de la relación bilateral. No es miedo al fin del T-MEC: es optimismo pragmático.
Así, con sonrisa diplomática y calendario en mano, Sheinbaum ensaya la coreografía perfecta: prepararse para el peor escenario mientras insiste en que el tratado goza de cabal salud. Porque si algo caracteriza a esta nueva etapa comercial, no es la certidumbre… sino el arte de disimularla.





