Armenta echa la casa por la ventana con Olinia. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Estaba más emocionado que cuando premió a Lord Molécula por su “periodismo combativo”
Hay gobernadores que esperan a que un proyecto demuestre su viabilidad antes de comprometer recursos públicos. Y hay otros, como Alejandro Armenta, que parecen dispuestos a sacar la chequera tan pronto como perciben una señal proveniente de Palacio Nacional.
Apenas fue presentado Olinia, el primer automóvil eléctrico impulsado por el gobierno federal, y el mandatario poblano ya anunció la compra de tres mil unidades para el transporte público de su estado. No importa que el vehículo todavía no haya demostrado su desempeño en condiciones reales. No importa que apenas existan prototipos. Lo importante parece ser llegar primero a la fila de las felicitaciones presidenciales.
Porque si algo llamó la atención durante la presentación fue que Olinia luce más cercano a un carrito urbano de dimensiones reducidas que a una unidad capaz de transformar el sistema de transporte de una entidad completa. Sus proporciones recuerdan más a los microautos que circulan en algunas ciudades europeas para trayectos cortos que a los vehículos que diariamente trasladan miles de pasajeros en las congestionadas vialidades mexicanas.
Sin embargo, Armenta ya se declaró dispuesto a adquirir tres mil unidades y, además, utilizar dinero público para subsidiar el 20 por ciento del enganche. El gobernador ni siquiera esperó a conocer los resultados de las primeras pruebas masivas. Primero vino la ovación; después, las preguntas.
El asunto resulta todavía más curioso cuando se observa el precio estimado del vehículo: alrededor de 150 mil pesos por unidad. Es decir, un automóvil de dimensiones tan compactas que muchos ciudadanos han comparado con un juguete motorizado, pero cuyo costo equivale al de numerosos automóviles convencionales que ya circulan por las calles y cuya funcionalidad está más que comprobada.
La cuenta tampoco es menor. Tres mil unidades representarían alrededor de 450 millones de pesos. Una cantidad suficiente para adquirir miles de vehículos de verdad, renovar infraestructura vial, o fortalecer servicios públicos prioritarios. Pero ninguna de esas opciones tendría el mismo valor político que convertirse en el primer comprador masivo del proyecto consentido de la Presidenta.
Armenta celebró Olinia como una muestra de la visión transformadora de Claudia Sheinbaum y aseguró que colocará a México a la vanguardia tecnológica. El discurso fue tan entusiasta que por momentos parecía una presentación comercial más que un anuncio gubernamental.
Desde luego, la movilidad eléctrica es una meta deseable. Lo cuestionable es que antes de saber si el vehículo tiene la autonomía, capacidad, resistencia, seguridad y funcionalidad necesarias para enfrentar las exigencias del transporte cotidiano, ya exista la disposición de comprometer cientos de millones de pesos de los contribuyentes.
En otras palabras: mientras los poblanos apenas conocen un prototipo que parece salido de una pista de autos de juguete, su gobernador ya apartó miles de unidades con cargo al erario.
No se le había visto al no morenista, sino marinista gobernador tan emocionado desde que, como senador, premió a Lord Molécula” como ejemplo de periodismo combativo.





