“Andy” usa la legislación electoral para limpiarse el trasero. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Si así empieza como aspirante, ¿qué podemos esperar de él como legislador?
Andrés Manuel López Beltrán, “Andy” para los cuates, aspirante a diputado federal por Tabasco, acaba de ofrecernos una pequeña muestra de lo que podría ser su concepción del Estado de Derecho: si la ley estorba, siempre queda el recurso de explicarla a conveniencia.
Resulta que dirigentes de la oposición lo acusan de realizar actos anticipados de campaña mediante sus recorridos casa por casa en el VI distrito federal de Tabasco, con la mira puesta en la elección de 2027. Y en lugar de asumir que esas actividades pueden estar sujetas a las reglas electorales —que existen precisamente para impedir que unos aspirantes se adelanten indebidamente a los tiempos legales—, “Andy” ha decidido que el problema no es su conducta, sino la interpretación que los demás hacen de ella.
“Aprovecho para aclarar a nuestros malquerientes que nuestras visitas domiciliarias no tienen otro objetivo más que informar a la ciudadanía. Si los medios tradicionales de comunicación no hacen más que difundir mentiras, es nuestra labor ir casa por casa llevando información verdadera, llevando nuestro periódico Regeneración“, expresó sin explicar por qué realiza esa encomiable labor justo en el territorio al que aspira representar como legislador federal.
Según él, no está haciendo proselitismo: simplemente visita ciudadanos, conversa con ellos y les entrega ejemplares de Regeneración para “informarlos”. Todo muy cívico, muy espontáneo, muy cándido y, faltaba más, completamente desinteresado.
La coartada resulta particularmente ingeniosa: no es campaña porque él dice que no es campaña, y asunto arreglado.
“Visitar las casas debería de ser algo que los políticos hagan con frecuencia y con normalidad”, sostiene. Ciertamente. El problema es que la normalidad de una actividad política no la coloca automáticamente fuera de la legislación electoral. Las reglas existen justamente para determinar cuándo el contacto con los ciudadanos es una actividad política legítima y cuándo puede convertirse en promoción anticipada ilegal.
Pero hay algo todavía más revelador.
“Andy” invoca como antecedente la organización impulsada por su padre, Andrés Manuel López Obrador, y asegura que las visitas domiciliarias forman parte de las responsabilidades de los consejeros nacionales de Morena. Es decir, para justificar su conducta recurre precisamente a la tradición política de la familia que durante años convirtió la movilización partidista en una maquinaria electoral permanente.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿la ley debe adaptarse a las costumbres políticas de Morena o son las costumbres políticas de Morena las que deben someterse a la ley?
Porque ahí está el verdadero problema.
La herencia política de “Andy” parece incluir también esa peculiar proclividad a considerar que las instituciones y sus reglas son obstáculos negociables cuando se interponen en el camino del proyecto político. Si las autoridades electorales advierten que existe una posible infracción, corresponderá a ellas determinarlo. Pero resulta preocupante que, desde ahora, el aspirante parezca tener preparada una explicación según la cual cualquier cuestionamiento a sus actividades no sería una defensa de la legalidad, sino una agresión de sus “malquerientes”.
Y eso sí debería preocuparnos.
Porque un candidato puede equivocarse respecto de los límites de la ley; lo verdaderamente inquietante es que pretenda establecer por sí mismo cuáles son esos límites.
“Andy” todavía no ocupa una curul y ya parece ensayar la vieja fórmula de la política morenista: primero se hace lo que conviene; después se busca la explicación jurídica que permita justificarlo.
Si esa es su actitud cuando aspira a una diputación, cabe formular una pregunta bastante más seria que la disputa sobre sus visitas domiciliarias:
¿Qué podemos esperar de Andrés Manuel López Beltrán como legislador si desde antes de llegar al Congreso ya parece dispuesto a pasarse por el arco del triunfo las reglas que no le acomodan?

Porque un diputado no está para interpretar la ley según sus conveniencias personales, mucho menos para asumir que la militancia, el apellido o la tradición de su partido constituyen una especie de patente de corso.
Y si “Andy” quiere demostrar que no está haciendo campaña anticipada, quizá podría comenzar por algo muy sencillo: respetar escrupulosamente las reglas electorales y dejar que sean las autoridades, no él, quienes determinen dónde termina la actividad partidista y dónde comienza el proselitismo.
Lo demás corre el riesgo de parecer exactamente lo que sus críticos denuncian: una campaña anticipada disfrazada de visita vecinal, con el periódico del partido bajo el brazo y la ley convenientemente guardada en el bolsillo.





