
“Si no quiere operar no opere… y recuerde que sus calificaciones dependen de nosotros”
Lo verdaderamente escandaloso del episodio ocurrido en el Hospital de Alta Especialidad de Veracruz —que se ha hecho viral— no es solamente que el delegado del IMSS Bienestar, Roberto Ramos Alor, haya respondido a una médica residente —que reclamaba por la falta de insumos para operar—, con la fórmula típica del más rancio autoritarismo burocrático: “Si no quiere operar, no opere”.
Lo verdaderamente escandaloso es que, después de semejante desplante y de amenazar a la residente con una mala calificación, no le hayan exigido la renuncia a Ramos Alor.
Porque una cosa es que en un hospital público falten medicamentos, materiales y herramientas indispensables para salvar vidas —un problema gravísimo que debería provocar la indignación inmediata de cualquier autoridad sanitaria— y otra muy distinta que el funcionario responsable pretenda resolverlo con una amenaza: si no hay con qué operar, que no opere el médico. Y si protesta, peor para él, porque su evaluación depende de la institución.
El mensaje no pudo ser más revelador porque, a años luz del sistema sanitario de Dinamarca, el paciente en México puede esperar, el quirófano puede detenerse, los insumos pueden faltar, pero la disciplina rígida de ocultar esas deficiencias como modus operandi de las instituciones oficiales se tiene que mantener incluso con amenazas al personal.

La médica no estaba pidiendo privilegios. Estaba planteando una pregunta elemental: ¿qué se les dice a los pacientes que esperan una cirugía cuando el hospital carece de los insumos necesarios? La respuesta de Ramos Alor no fue una solución administrativa ni una explicación médica. Fue una amenaza disfrazada de autoridad institucional.
Después vino el obligado ritual del arrepentimiento. IMSS Bienestar (así le dicen) se deslindó de las declaraciones y anunció “medidas correctivas”; el funcionario ofreció una disculpa pública y reconoció que sus palabras “no fueron adecuadas”. Seguirá entonces en el puesto y, con toda seguridad, cumplirá con su amenaza a la estudiante de medicina.
La situación en hospitales y seguros de gastos médicos privados no es mejor. Un buen amigo requirió hace una semana un estudio que costaba, con un excelente médico, 12 mil pesos. Pero como tiene seguro de gastos médicos en la compañía transnacional donde trabaja, el doctor le sugirió internarse, ante la eventualidad de que tuvieran que operarlo. Se internó entonces en el Centro Médico de Toluca, donde lo atendió el mismo médico, pero la cuenta final fue de 80 mil pesos. La aseguradora, MetLife, se negó a cubrir ese monto alegando que un día después de haberse internado, el Centro Médico de Toluca (ubicado por cierto en Metepec) dejó de pertenecer al listado de cobertura de MetLife. Un día después de su ingreso a un hospital del que se cuentan, por lo demás, innumerables historias de abusos inconcebibles, por no decir que de vulgares carnicerías.





