jueves, enero 22

Claudia le marcó un alto al obradorismo salvaje. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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AMLO se quedó en Palenque. Saldría solo para “defender” la democracia, a Sheinbaum o la soberanía

AMLO declinó su intención inicial de recorrer el país bajo el pretexto de promocionar la venta de su libro Grandeza. El golpe contra Gertz Manero y sus secuaces lo paró en seco. Sentado en el jardín de La Chingada —entre aves, monos, guacamayas y pavorreales— juró que él no es ni cacique, ni caudillo, ni “jefe máximo”. Las plumas obradoristas maiceadas desde los palacios de gobierno en casi todo el país celebraron la frase como un desmentido contundente para quienes sostenemos que, en realidad, López Obrador ejerce un maximato descarado desde Palenque.

O quizá deberíamos decir ejercía. Porque con el golpazo a Gertz Manero, alguien le propinó a don Andrés un enérgico “estate quieto”. Sheinbaum estaba radiante esta mañana, y qué bueno, en semanas recientes su semblante era de funeral. Ahora ya marcó un alto al obradorismo salvaje. Ya tomó los hilos —haiga sido como haiga sido— de la Fiscalía General de la República, y eso no es poca cosa.

En un país donde los políticos protegen a los narcotraficantes porque reciben su tajada, y los pocos que no lo hacen son asesinados —como Carlos Manzo—, tener el control de la FGR puede permitir a la Presidenta mantener a raya a esos narcopolíticos, empezando por el propio López Obrador. Es una de las pocas garantías con las que cuenta para evitar las circunstancias que AMLO plantea como posibles detonantes de su regreso a las calles: “defender la democracia”, “defender a Sheinbaum” y “defender la soberanía”.

¿Qué esperaban las plumillas obradoristas que dijera el Jefe Máximo?

¿Que Adán Augusto, Andy, Rosa Icela, Monreal, esa pandilla de gobernadores que le deben el cargo, y los jefazos militares y de los cárteles no le obedecen ciegamente?

¿Que el fiscal florero al que defendió durante todo su sexenio —con espaldarazos mucho más sentidos que los que ayer otorgó a Sheinbaum— no era el cancerbero encargado de mantener bajo resguardo criminal multitud de expedientes de los incondicionales del obradorismo y de muchos priistas y panistas que ahora lamentan la salida de Gertz?

¿De veras pensaban los lamebotas que el expresidente iba a reconocer sus cálculos fallidos?

¿Que admitiría a final de cuentas que estamos a años luz de tener un sistema de salud “mejor que el de Dinamarca”?

¿Que nos pediría perdón por sus mentiras grotescas, como la de ayer mismo, cuando afirmó que, gracias a él, el decil más rico de México apenas gana 16% más que el decil más pobre?

¿Que haría un mínimo esfuerzo para disimular su machismo al relatar que tiene una señora que le cocina y limpia la casa porque Beatriz se tuvo que quedar en la Ciudad de México para cuidar al “Chocoflán” que ya entró a la prepa?

El maestro en disfrazar su misoginia con refranes de “sabiduría popular” ahora amenaza con volver a recorrer el país —como cuando era joven— solo si ocurre una de estas tres circunstancias:

Si atentaran contra la democracia.

“Para defenderla a ella (Claudia Sheinbaum), si hay intentos de golpe de Estado, si la acosan, salgo; pero eso no creo que pase”.

“Para defender la soberanía de México, porque nuestro país es libre e independiente”.

Traducido: para AMLO, Beatriz se quedó “a vigilar al hijo”, no por compromisos profesionales, sino porque su función “natural” es cocinar y limpiar.

Y por mucho que proclama que Sheinbaum es “la mejor presidenta del mundo”, la considera tan desvalida que él tendría que regresar a rescatarla si le fraguan un golpe de Estado o si invaden el país. Bonita forma de tacharla de inútil mientras la elogia.

Esa es precisamente la habilidad del tabasqueño: presentarse como el indispensable y ningunear a las mujeres mientras las encumbra, pero solo para que le obedezcan. Aunque, por primera vez en mucho tiempo, alguien parece haberle recordado que ya no es indispensable.

Una cosa es segura: todo aquél que —desde cualquier plataforma partidista o ciudadana— ponga reparos a la destitución de Gertz Manero, es porque tenía acuerdos inconfesables con él.

P.D. En el Estado de México ocurre algo similar: Horacio Duarte se la pasa diciendo que la que manda es Delfina y no él.

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