Apuntes sobre la sucesión mexiquense adelantada. AL GRANO. Por Jesús López Segura

¿Quién podría hacerle frente a Horacio Duarte con alguna posibilidad de éxito?
Horacio Duarte Olivares es tan cercano a Andrés Manuel López Obrador que el hoy “Señor de Palenque” se permitió marginarlo sin explicaciones en la sucesión pasada, cuando prácticamente todos daban por descontado que sería el elegido. El rompimiento con Higinio Martínez —a propósito del aeropuerto de Texcoco— terminó despejando el camino para Delfina Gómez, quien en su segundo intento alcanzó la gubernatura del Estado de México, la joya estatal más codiciada del país.

Hoy, Duarte vuelve a moverse, pero su eventual viabilidad está atada a dos factores difíciles de ignorar. El primero no depende de él: la presión creciente —política, mediática y diplomática— que se cierne sobre Claudia Sheinbaum para deslindarse del legado incómodo de López Obrador. Un legado marcado por funcionarios señalados reiteradamente en investigaciones periodísticas y debates públicos por su posible vínculo con esquemas de corrupción, entre ellos el llamado huachicol fiscal.

En ese contexto, Duarte aparece de manera recurrente en el debate público, no por resoluciones judiciales en su contra —que no existen—, sino por una circunstancia políticamente más delicada: fue uno de los pocos funcionarios que habló abiertamente del problema sin que, hasta ahora, se conozcan resultados verificables que respalden sus compromisos públicos de combate frontal.

El segundo factor sí es interno y más corrosivo: el vacío de figuras competitivas dentro del gabinete de Delfina Gómez. La única que pudo haber sido considerada seriamente, la maestra Trinidad Franco Arpero, fue retirada del tablero bajo un conveniente argumento médico, acompañado —casualmente— de una campaña mediática particularmente agresiva, impulsada desde espacios periodísticos históricamente alineados con el propio secretario general de Gobierno.

Pero si de amenazas reales se trata, Duarte ya conoce una. Juan Zepeda, hoy dirigente de Movimiento Ciudadano en el Estado de México, demostró en 2017 que puede derrotar a Morena incluso en condiciones adversas, arrebatándole a Delfina Gómez cerca de un millón de votos y pavimentando aquel triunfo priista que pasó a la historia como “Alfredo con el Mazo dando y la Maza resbalando”. Zepeda, además, no dudó en confrontar a López Obrador con una eficacia mediática notable cuando el tabasqueño estaba en su mejor momento. Cabe imaginar lo que podría hacer ahora, en una coyuntura donde el obradorismo empieza a mostrar grietas evidentes, si no fuera por esos entendimientos políticos difíciles de explicar que MC mantiene con Morena.

Descartada esa opción, la sucesión inevitablemente apunta hacia los alcaldes mejor evaluados. Ahí destacan Romina Contreras y su entorno político, así como el caso más incómodo para el oficialismo: Fernando Flores, alcalde de Metepec, cuya popularidad crece en la misma proporción que se intensifican los ataques mediáticos en su contra. Ataques provenientes, no por casualidad, de la misma prensa que ha construido una narrativa permanentemente favorable a Horacio Duarte.
En política, como en el periodismo, las coincidencias suelen ser la forma más discreta de la estrategia.





