¿Higinio Martínez será también vocero de Morena en el Senado? AL GRANO. Por Jesús López S.

¿Le aplica Sheinbaum la barredora a las huestes de Adán Augusto en la Cámara alta?
La reciente reorganización en la bancada de Morena en el Senado difícilmente puede interpretarse como un simple ajuste administrativo. Detrás del nombramiento del senador mexiquense Higinio Martínez como vicecoordinador, comienza a dibujarse un movimiento político con implicaciones mucho más profundas: la aparente decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de ir diluyendo, con prudencia, pero con firmeza, la influencia que aún conserva el grupo cercano al exsecretario de Gobernación, Adán Augusto López, dentro del grupo parlamentario de Morena.
Durante la etapa en que López Hernández ejerció la coordinación política del bloque, la conducción de la bancada fue percibida por varios legisladores como marcadamente centralizada. La operación política se concentró en pocas manos y dejó tras de sí un entramado de lealtades personales que sustituyó —no pocas veces— a los mecanismos institucionales de deliberación. En ese contexto comenzó a hablarse, aunque casi siempre en voz baja, de los remanentes de “La Barredora”: una red criminal de cercanos al exfuncionario que aún conserva posiciones de influencia en el Senado.
La llegada de Higinio Martínez a la vicecoordinación parece responder justamente a la necesidad de acotar esa herencia política. Con una larga trayectoria y fama de interlocutor directo —virtud cada vez más escasa en la política contemporánea— el mexiquense podría convertirse en una pieza clave para redistribuir el peso interno de la bancada y abrir espacios de discusión que durante la etapa anterior quedaron notablemente estrechos, si no es que cancelados.
El movimiento adquiere mayor significado si se confirma lo que ya se anticipa en la columna Bajo Reserva de El Universal: la posibilidad de que Martínez asuma también la vocería del grupo parlamentario. Esa responsabilidad había sido asignada en 2024 a la senadora chihuahuense Andrea Chávez, figura muy cercana al “hermano” político de Andrés Manuel López Obrador.
Dentro de Morena se comenta —con creciente impaciencia— que la legisladora ha dedicado escaso tiempo a las tareas de vocería, concentrada más en su proyecto personal: la búsqueda de la candidatura de Morena al gobierno de Chihuahua, empresa política que, por cierto, avanza de la mano de Adán Augusto López.
En ese contexto, trasladar la vocería a Martínez tendría una doble lectura. Por un lado, fortalecería la operatividad cotidiana de la bancada; por otro, comenzaría a desplazar gradualmente a las figuras identificadas con la etapa anterior. Más que un simple ajuste organizativo, la maniobra podría formar parte de una estrategia más amplia para alinear al Senado con la nueva etapa política que busca consolidar el gobierno de Sheinbaum.
Si esa hipótesis se confirma, el Senado estaría entrando en una fase de recomposición silenciosa: una etapa en la que la nueva administración federal intenta limpiar las huellas políticas que dejó el paso de Adán Augusto López por la estructura de poder de Morena. Y en esa operación, la presencia de Higinio Martínez podría resultar mucho menos decorativa de lo que algunos mal intencionados divulgan.
Preguntarse si la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, fue consultada para el nombramiento del doctor Martínez resulta, francamente, ocioso. La maestra que hoy gobierna el Edomex encabeza un poder político que emana directamente del liderazgo del expresidente López Obrador, al igual que su secretario general de Gobierno, Horacio Duarte.
Se trata, precisamente, del mismo entramado político que la presidenta Sheinbaum intenta disminuir para asumir gradualmente el control pleno del gobierno y disipar —si es que aún es posible— la incómoda sombra de un presunto “maximato” que muchos ubican en Palenque.
Doña Delfina haría bien en observar con atención este delicadísimo proceso. Los esfuerzos de la Presidenta por emanciparse políticamente de su antecesor —quien dejó sembrado en la administración federal un nutrido contingente de funcionarios de alto nivel— deberían encontrar respaldo en una gobernadora que, acaso por exceso de prudencia, ha tolerado episodios difícilmente justificables.
Algunos funcionarios de su administración, vinculados con el periodo del llamado huachicol fiscal en Aduanas, se permiten descalificarla en entrevistas difundiendo rumores sobre su supuesta “incapacidad”, o se dan el lujo de aparecer en eventos tan frívolos como el Super Bowl, sin que hasta ahora parezca haber consecuencia política alguna.
Al parecer, doña Delfina Gómez enfrenta una encrucijada similar a la de Doña Claudia Sheinbaum, quien tiene que soportar los insultos, alternados con falsos elogios del mandatario Ku Klux Klan, mientras la mexiquense es amenazada con rumores maliciosos de que no es ella quien ejerce el poder, difundidos como una presunta “defensa” precisamente por altos funcionarios de su propia administración.
En política, las señales importan. Y lo que hoy comienza a verse en el Senado podría ser apenas el primer indicio de que, detrás de la cortesía institucional, ya empezó una silenciosa disputa por el verdadero control del poder. Y en el Estado de México ¿cuándo?





