Solo 42% de los niños que terminan la primaria en México comprenden lo que leen

Analfabetas funcionales, más de la mitad de los graduados de primaria, sugiere la UNESCO
Por Jesús López Segura
La Cuarta Transformación prometió una revolución educativa… pero lo que entregó fue un sistema que apenas sabe leer su propio fracaso.
El diagnóstico no viene de adversarios políticos ni de “conservadores”: lo firma la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Y el veredicto es tan seco como demoledor: México está estancado —cuando no en retroceso— en lo más básico de la educación: la lectura.
Porque sí, en el país del “humanismo mexicano”, menos de la mitad de los alumnos que terminan la primaria comprenden lo que leen. El indicador cayó de 43% a 42%. Es decir, la 4T no sólo no avanzó: retrocedió… aunque sea un punto, que en educación equivale a miles de niños condenados a la incomprensión.

En los primeros grados la cosa no pinta mejor: el nivel mínimo de lectura pasó de 67% a 63%. Una caída silenciosa, pero constante. De esas que no hacen ruido en la mañanera, pero sí en el futuro del país.
Y mientras los discursos hablan de inclusión, la realidad empuja a los estudiantes fuera del sistema: más adolescentes abandonan la escuela, tanto en secundaria básica como en media superior. El sistema educativo no sólo enseña mal: retiene peor.

Por si faltara algo, la “transformación” tampoco llegó a la infraestructura. Siete de cada diez primarias siguen sin internet o sin computadoras. En pleno siglo XXI, la educación pública mexicana opera como si el mundo digital fuera un lujo opcional. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 —ese que promete educación de calidad para 2030— se ve cada vez más como un acto de fe que como una meta alcanzable.

El problema, advierten especialistas, no es nuevo… pero sí persistentemente ignorado. Pruebas como PISA 2022 confirman el estancamiento: casi la mitad de los estudiantes no alcanza el nivel básico de comprensión lectora. Traducido: millones de jóvenes pasan por la escuela sin adquirir la herramienta mínima para entender el mundo.
Y aquí aparece la verdadera ironía: mientras el gobierno presume cobertura, los aprendizajes se desploman. Se llenan aulas, pero se vacían cerebros. Se eliminan evaluaciones incómodas, pero también se evapora cualquier forma seria de medir el desastre.

El resultado es un sistema que, como señalan expertos, ha optado por la simulación: menos exigencia, menos medición… y, por supuesto, menos resultados.
Así, la 4T puede presumir que “nadie se queda atrás”… aunque en la práctica millones se estén quedando sin entender lo que leen. Porque en esta transformación educativa, el único texto que parece haberse dominado a la perfección es el del discurso. Todo lo demás sigue siendo, literalmente, incomprensible.





