Jorge Romero convierte al PAN de Coahuila en especie en extinción

La curiosa ironía de Rubén Moreira: ganar solo y suplicar compañía
Por Jesús López Segura
El dirigente nacional albiazul acaba de firmar una de las páginas más vergonzosas en la historia de Acción Nacional. Su experimento de “independencia política”, consistente en romper las alianzas electorales que mantenían vivo al partido en diversos estados, produjo en Coahuila un resultado digno de estudio clínico: el PAN no sólo perdió las elecciones, perdió el registro local, perdió las prerrogativas, perdió las curules y estuvo a punto de perder hasta el derecho de presumir que sigue existiendo.
El otrora partido que gobernó Saltillo, Torreón y Monclova, que durante décadas fue la oposición más sólida frente al PRI y que en 2017 estuvo a punto de conquistar la gubernatura, terminó reducido a un microscópico 2.16 por ciento de los votos. Ni siquiera alcanzó el 3 por ciento necesario para conservar el registro estatal.
Es decir, Jorge Romero logró en un par de años lo que sus adversarios no pudieron conseguir en cuatro décadas: borrar al PAN coahuilense del mapa político.
La hazaña merece reconocimiento. No cualquiera convierte a una fuerza política histórica en un club testimonial sin presupuesto, sin diputados y sin influencia.
Durante años, las alianzas con el PRI permitieron al panismo conservar espacios de poder y representación. Eran acuerdos discutibles, sin duda, pero efectivos. Jorge Romero decidió romperlos para demostrar músculo propio. El problema es que al momento de la prueba descubrió que el músculo había desaparecido y le quedó el puro hueso.
El derrumbe es brutal. En 2017 el PAN obtuvo más del 36 por ciento de los votos para gobernador. Hoy apenas rebasa el 2 por ciento. Pasó de disputar el poder estatal a pelear por no desaparecer oficialmente. De aspirar a gobernar Coahuila a mendigar supervivencia administrativa.
Y mientras el partido se hunde, su dirigente dedica buena parte de sus entusiasmos políticos a celebrar y respaldar a personajes que se presentan como adalides de una “nueva derecha” cada vez más cercana a los modelos autoritarios que a las tradiciones democráticas que supuestamente inspiraron al PAN.
Resulta una ironía extraordinaria. Mientras Acción Nacional pierde terreno, estructura y votantes, su presidente parece más interesado en importar recetas ideológicas estridentes que en resolver la catástrofe que tiene frente a sus ojos, como cuando Jorge Romero festejó el triunfo del pinochetismo con raíces nazis en Chile y pronosticó que pronto lo mismo ocurrirá en México. Más le valdría al panismo imponer en su dirección a alguien más inteligente y razonable, como por ejemplo al implacable y siempre certero Ricardo Anaya, si realmente quieren sobrevivir.
La curiosa ironía de Rubén Moreira: ganar solo y suplicar compañía
Después de presumir el carro completo del PRI y su aliado local en Coahuila, donde arrasaron en los 16 distritos en disputa, Rubén Moreira salió a convocar una gran coalición opositora rumbo a 2030 para enfrentar a Morena.
La escena tiene algo de tragicómica: tras demostrar que el priismo coahuilense puede ganar por sí mismo, el exgobernador corre a pedir una alianza con todos los partidos disponibles, nacionales y locales. Es decir, el supuesto éxito electoral termina convertido en argumento para reconocer que, fuera de su bastión, el PRI no se siente tan fuerte.
Moreira, acompañado en el discurso por Alejandro Moreno y Carolina Viggiano, plantea una oposición unida con candidaturas comunes, defensa del voto y movimientos estratégicos para frenar a Morena, al que acusa de llevar al país al desastre.
En resumen: celebran haber ganado solos en Coahuila, pero la primera conclusión que extraen de la victoria es que necesitan ir acompañados en el resto de México.





