La traición sólo existe cuando el acusado es opositor. AL GRANO. Por Jesús López Segura

A Maru Campos la quemaron en leña verde. A Marina del Pilar la exoneraron al instante
La presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, exoneraron en tiempo récord a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, luego de que se difundiera un audio en el que ofrece compartir con presuntos agentes estadounidenses lo que escucha en las mesas de seguridad de su estado.
No hubo investigación. No hubo peritajes. No hubo prudencia institucional. Mucho menos la indignación patriótica que suele desatarse cuando el señalado pertenece a la oposición. Apenas unas horas bastaron para que Harfuch concluyera que “no se infiere ningún delito”, mientras la propia presidenta remataba que en la conversación “no se escucha nada que comprometa la seguridad nacional” y, además, no está comprobado quién era su interlocutor.
La velocidad de la absolución resulta tan llamativa como el doble rasero.
Porque mientras a Marina del Pilar se le llama por teléfono y recibe ipso facto el beneficio de la duda, a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos, la maquinaria propagandística del oficialismo la ha sometido durante meses a un linchamiento político y mediático por su relación institucional con autoridades estadounidenses en materia de seguridad, al grado de intentar instalar la narrativa de una supuesta traición a la patria.
La diferencia no está en los hechos, sino en el color del partido.
El contenido del audio divulgado por Héctor de Mauleón es, cuando menos, políticamente demoledor. Independientemente de quién fuera realmente su interlocutor, la gobernadora manifiesta su pronta disposición a compartir información obtenida en las mesas de seguridad, un espacio donde confluyen autoridades civiles, militares y de procuración de justicia. Pretender que semejante ofrecimiento carece de relevancia porque, según Harfuch, ahí sólo se habla de incidencia delictiva y objetivos prioritarios, equivale a normalizar que un gobernador pueda ofrecer información gubernamental a un gobierno extranjero sin que siquiera merezca una investigación formal.
Más aún cuando la propia mandataria reconoce en esa conversación que es representada por Michael Nadler, un exfiscal federal de Florida especializado en investigaciones de lavado de dinero y delitos financieros, un dato que inevitablemente alimenta las preguntas sobre el contexto en que ocurrió esa comunicación. No hay duda, en el audio Marina del Pilar se ofrece como espía.
Pero en la nueva justicia de acordeón las preguntas incómodas sólo se hacen cuando el acusado pertenece a la oposición. Si el implicado viste de guinda, primero llega la exoneración y después, si acaso, las explicaciones.
Para unos, la presunción de inocencia; para otros, la condena anticipada. Para unos, el debido proceso; para otros, el tribunal de la conferencia mañanera.
Porque a final de cuentas, en el México actual, la traición a la patria todavía depende de la cruz de la parroquia a la que dirija sus rezos el perpetrador.





