Ricardo Raphael: “Horacio Duarte, supuesto puente político con La Familia Michoacana”

¿Hasta dónde se ha infiltrado ese grupo criminal en las estructuras del poder mexiquense?
LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura
La captura de Lino Rodríguez González, operador de primer nivel del gobierno de Delfina Gómez acusado de secuestro y delincuencia organizada, vuelve a colocar al secretario de Gobierno, Horacio Duarte, en el centro de las sospechas sobre la penetración del crimen organizado en la administración mexiquense, señala en su columna para Milenio, Ricardo Raphael.
El reconocido analista plantea la pregunta que nadie en Palacio de Gobierno parece dispuesto a responder: ¿Cómo es posible que, tras casi dos años de la llamada Operación Enjambre y decenas de detenciones, La Familia Michoacana siga controlando amplias zonas del Estado de México, cobrando extorsiones, sembrando terror y moviéndose con absoluta impunidad?
La detención de Lino Rodríguez resulta especialmente incómoda porque no se trata de un funcionario cualquiera. Era el coordinador regional del gobierno estatal en la Tierra Caliente mexiquense, precisamente el principal bastión de los hermanos Alfredo y Johnny Hurtado Olascoaga. Es decir, el hombre designado para representar al gobierno donde el poder criminal es más fuerte terminó acusado de colaborar con esa misma organización.
Raphael recuerda que desde la llegada de Delfina Gómez circulan versiones que señalan a Horacio Duarte como el supuesto puente político con La Familia Michoacana. No presenta pruebas concluyentes, pero sí subraya que el caso de su colaborador más cercano obliga a formular preguntas inevitables: ¿Duarte desconocía los antecedentes de quien envió a operar la región más dominada por el crimen organizado, o simplemente decidió ignorarlos?
La incógnita adquiere un peso todavía mayor si se considera que Horacio Duarte fue director de la Agencia Nacional de Aduanas justamente durante los años en que el huachicol fiscal alcanzó dimensiones multimillonarias, un esquema de contrabando de combustibles que, según diversas investigaciones, desvió más de quinientos mil millones de pesos y fortaleció financieramente a organizaciones criminales.
Ahora, uno de sus principales operadores en el Estado de México termina detenido por presuntos vínculos con la delincuencia organizada. Demasiadas coincidencias para un funcionario cuya carrera parece desarrollarse siempre bajo la sombra de los grandes negocios del crimen.

Para Raphael, la captura de Lino Rodríguez ya no es únicamente un asunto judicial. Es una prueba de resistencia para el gobierno de Delfina Gómez, obligado a explicar hasta dónde ha llegado la infiltración de La Familia Michoacana en las estructuras del poder mexiquense y cuál ha sido realmente el papel de Horacio Duarte en esa historia, concluye Raphael.





