“Ojalá que ningún compañero ande en el estadio con boletos de 120 mil pesos”: Ariadna Montiel

Se analiza si Enrique Insunza será candidato en Sinaloa. “No está en su mejor momento”: Citlalli
LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura
Morena analiza si Enrique Inzunza será candidato a gobernador de Sinaloa: “En su caso hay un debate porque existe una acusación pública, no es su mejor momento de reputación”, explicó Citlalli Hernández en entrevista con Ciro Gómez Leyva.
Ya no se trata de determinar si alguien tiene o no vínculos con el crimen organizado, sino de evaluar si atraviesa o no “su mejor momento”. Así lo explicó la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena al referirse al senador sinaloense, señalado desde Estados Unidos por presuntos nexos con el narcotráfico. El problema, según la funcionaria partidista, no es exactamente la acusación, sino que el aludido enfrenta una mala racha de imagen pública. La dirigencia de Morena parece haber descubierto una nueva categoría política: la presunción de inocencia reputacional.
Es una formulación notable. En cualquier democracia funcional, una acusación de semejante gravedad obligaría a una investigación exhaustiva y a una suspensión política inmediata. En Morena basta con reconocer que el implicado no vive precisamente una etapa estelar de su carrera. Algo así como un delantero que atraviesa una sequía goleadora o un cantante que perdió popularidad en las listas de éxitos.
Ariadna Montiel, por su parte, contribuyó también a la kafkiana irracionalidad del oficialismo al llamar a la militancia morenista a seguir el ejemplo de Claudia Sheinbaum y acudir a los Fan Fest en lugar de gastar hasta 120 mil pesos en boletos para el estadio. La Presidenta, aseguró, prefirió convivir con el pueblo en la alcaldía Gustavo A. Madero para presenciar el partido inaugural.
La narrativa es conmovedora. Sheinbaum no faltó a la inauguración del Mundial por la apreciación generalizada de que evadió las muy probables rechiflas en el estadio. No. La explicación oficial es mucho más poética: renunció al palco mundialista para mezclarse entre la multitud como una aficionada más, compartiendo la emoción popular frente a una pantalla gigante.
Tan convincente resulta la versión que, mientras la dirigencia predicaba austeridad futbolera, el diputado morenista Cuauhtémoc Blanco aparecía en los alrededores del Estadio Azteca tomándose fotografías con algunos aficionados, mientras era abucheado por otros y un sector de la afición le gritaba: “¡Te andan buscando en Cuernavaca wuey! ¡Te andan buscando en Cuernavaca pinche perro ratero! ¡pinche ratero!”
Pero quien elevó la contradicción a categoría de arte fue Ricardo Monreal. El líder parlamentario confirmó con toda naturalidad que en la Cámara de Diputados pagaron los derechos correspondientes para seguir la transmisión de los partidos desde las oficinas legislativas. Ellos no están para andarse mezclando con el populacho frente a las pantallotas. El ejemplo se los puso el diputado mexiquense Core Vázquez que tiró no 120 mil pesos, sino millones para llevar a su familia al Super Bowl.
Más revelador aún de ese malinchismo soberanista fue conocer los favoritos de Monreal para levantar la Copa: Portugal, Francia, Alemania y Brasil. Ni una palabra para México. El coordinador de la bancada oficialista parece confiar más en Cristiano Ronaldo, Mbappé o la maquinaria alemana que en la selección nacional, mientras Paco Vázquez exhibe su fanatismo por los “dalas que ahí voy”.
Quizá sea coherente. Después de todo, en la política morenista la fe suele depositarse en cualquier parte menos en la evidencia. Por eso un político señalado por presuntos vínculos criminales simplemente “no está en su mejor momento”; por eso la ausencia presidencial en el estadio se transforma en una demostración no de miedo a la rechifla, sino de amor al pueblo; y por eso algunos dirigentes convocan a la militancia a ver el Mundial desde el Fan Fest, mientras otros lo siguen desde oficinas públicas apostando por selecciones extranjeras.
Al final, el mensaje parece claro: el pueblo a la pantalla gigante, los dirigentes al palco, los diputados a la televisión institucional y los aspirantes cuestionados a esperar que mejore su reputación. Todo muy austero. Todo muy cercano a la gente. Ttt. Todo tan transformador.





