jueves, junio 18

“Sheinbaum es una mujer muy asustada”: Donald, el aceitoso. AL GRANO. Por Jesús López S.

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Trump es un “tirano misógino… un tipo asqueroso”, dice Manuela Obrador, prima de AMLO

Donald Trump había permanecido callado. “Es que está muy ocupado con lo de Irán y el estrecho de Ormuz“, justificaban quienes todavía sueñan con una extracción en la finca La Chingada, en Palenque, Chiapas, semejante a la que tuvo lugar en el Palacio de Miraflores, en Caracas. Como si alguna vez en la historia, el intervencionismo del vecino del norte hubiera aportado algo bueno a México.

Finalmente, Donald volvió a hablar sobre nuestro país y su presidenta, Claudia Sheinbaum, luego de un prolongado silencio. Y lo hizo nada menos que en el foro del G-7, como si se tratara de pedir permiso a las grandes potencias del planeta para llevar a la práctica, de una vez por todas, las amenazas que desde hace meses vienen formulando sus funcionarios de seguridad, justicia y defensa; los mismos a quienes López Obrador pidió mandar al carajo en aquella célebre carta dirigida al presidente estadounidense:

“Ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados”.

No debe hacerle mucha gracia a doña Claudia —quizá por eso se le vio particularmente descompuesta en su conferencia matutina— que el presidente del país más rico y poderoso de la Tierra la exhiba ante el selecto club de las potencias económicas acusándola, nada menos, que de ser “una mujer muy asustada”. Tal expresión encaja perfectamente en los cánones de la misoginia. La prima de AMLO, Manuela Obrador — funcionaria pública por cierto impedida para hablar así—, se encargó de decirlo muy al estilo macuspano: Donald Trump “es un tirano misógino… un tipo asqueroso”.

Esa parece ser la respuesta del magnate neofascista a la indolencia con la que, lamentablemente, la mandataria mexicana ha reaccionado frente a las gravísimas acusaciones de complicidad con el narcotráfico que distintas instancias oficiales de Estados Unidos han formulado contra políticos mexicanos.

“¡Pruebas!”, exige la “maravillosa mujer” —según la definición trumpiana— mientras parece hacer caso omiso de declaraciones tan reveladoras como las del propio Rubén Rocha Moya, quien reconoció explícitamente que Sinaloa no puede gobernarse sin algún tipo de entendimiento con los grupos criminales.

“¡Pruebas!”, gritan también los narcopolíticos, como si el propio enunciado de la estrategia obradorista de seguridad no fuera suficientemente elocuente:abrazos y no balazos a los criminales, instrucción que policías y soldados siguieron al pie de la letra a lo largo de su mandato.

La directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos, Sara Carter, afirmó recientemente que el gobierno de Donald Trump mantendrá la presión no sólo sobre las organizaciones criminales, sino también sobre funcionarios y actores políticos que, según dijo, faciliten o protejan las operaciones de los cárteles.

Por su parte, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, advirtió que Washington se reserva “el derecho de emprender una acción militar en México para combatir a los grupos criminales si ello resulta necesario para proteger a los ciudadanos norteamericanos. Aunque señaló que la prioridad es la coordinación bilateral, dejó claro que Estados Unidos no descarta actuar unilateralmente si considera amenazada su seguridad nacional.

Y declaraciones similares pueden rastrearse entre los más altos funcionarios de la DEA, el FBI, el Departamento de Justicia y el Pentágono; es decir, entre todos aquellos a quienes el expresidente mexicano parecería incluir en su catálogo de “paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados” que rodean al presidente Trump.

La paciencia tiene un límite, le decía Boogie el Aceitoso —entrañable personaje de la revista Proceso— a una anciana a la que se negaba a darle la hora.

Algo similar parece estar diciendo ahora Trump, el aceitoso, a la “maravillosa mujer” que gobierna México y que, por lo visto, está dispuesta a jugar con la soberanía nacional —hasta el límite de la sobrevivencia— invocándola como concepto abstracto, en lugar de demostrarla ejerciendo plenamente la potestad del Estado contra la multitud de especuladores, filibusteros, potentados, trepadores y malvados que han encontrado en el crimen organizado una forma particularmente lucrativa de hacer política en nuestro país. O si se prefiere, que han encontrado en la política, una forma particularmente lucrativa de lavar el dinero de los criminales. ¡Y las pruebas abundan!

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