Maduro: ¿rendición pactada o secuestro imperial? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

Raymundo Riva Palacio sugiere que Maduro pactó su rendición y no que se le capturó a sangre y fuego
Aún es temprano para una evaluación definitiva del secuestro, captura o eventual entrega pactada de Nicolás Maduro. Las versiones son contradictorias, pero todas confluyen en un mismo punto: la voluntad explícita de Donald Trump de apropiarse del petróleo venezolano.

Trump habla de “administrar” los hidrocarburos de Venezuela, un eufemismo vulgar para encubrir el robo abierto de un recurso estratégico. Es una represalia largamente anunciada por las nacionalizaciones de la era chavista y una obsesión que el presidente Ku Klux Klan ya ni siquiera intenta disimular.

Mientras el agudo analista Raymundo Riva Palacio sugiere en su columna de El Financiero que Maduro se entregó luego de largas negociaciones del hermano de la vicepresidenta, Jorge Rodríguez, con los emisarios de Trump -lo que vaticinaría su probable conversión en testigo colaborador para la denuncia de sus socios en México y otros países como Cuba, Colombia o Nicaragua-, la versión oficial venezolana es radicalmente distinta. Según La Jornada, el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, denunció que, durante el operativo de extracción, la madrugada del sábado 3 de enero, fuerzas estadounidenses “asesinaron a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad, así como a soldados y ciudadanos inocentes”. Versión confirmada por Cuba.

Entrega pactada o secuestro sangriento, el hecho es uno solo: Trump actúa como virrey imperial, amparado en la obsoleta Doctrina Monroe, ignorando deliberadamente cualquier principio del Derecho internacional, de la ONU o de la Doctrina Estrada, independientemente de que esa preciosa retórica diplomática —escrita con letras de oro y repetida durante décadas— nunca ha servido para frenar a una potencia decidida a saquear, como lo demuestra el bloqueo criminal contra Cuba desde hace más de 70 años.

Desde luego, el asalto a la sede del gobierno venezolano es condenable. Pero perderse en abstracciones jurídicas “correctas” resulta inútil si se ignoran las formas reales de dominación que las potencias ejercen sobre los países débiles: saqueo de recursos, intercambio desigual, disciplinamiento político y, hoy, depredación financiera a gran escala o intervención militar directa.
En este contexto surge la pregunta incómoda: ¿quién sigue?
Colombia, pese a ser la reina de la cocaína, no representa un botín estratégico. Cuba ya no tiene el peso geopolítico de la Guerra Fría. Nicaragua apenas funciona como advertencia. Venezuela fue el ensayo. México es el objetivo serio, no solo por el petróleo —dilapidado vía huachicol fiscal—, sino por el litio, otros recursos estratégicos y su papel como puerta de entrada del fentanilo a Estados Unidos.

Trump no actúa por moral, sino por histeria ante la decadencia de un imperio secular que acumula una deuda externa de más de 30 billones de dólares y que se ve superado en desarrollo tecnológico por primera vez en su historia por otra potencia mundial: China. Al respecto, Xi Jinping se pronunció de forma velada sobre Venezuela: “Las prácticas de intimidación hegemónica afectan gravemente al orden internacional.”

Por eso, los temores de una “operación quirúrgica” como la de Miraflores, pero en Palenque, no son paranoia. Son lectura política elemental. Y solo podrían disiparse si la presidenta Claudia Sheinbaum decide, de una vez por todas, hacer “lo correcto”.

El respaldo ciudadano que recibió al inicio se erosiona día tras día, en buena medida por su falta de determinación. Trump ya lo dijo sin rodeos: su “miedo” frente a los poderosos cárteles. Cada vez más mexicanos traducen esa acusación como lo que realmente es: el pánico de enfrentar a su antecesor y a la pandilla obradorista radical que aún permanece incrustada en los más altos cargos del país.
Trump ya mostró cómo opera el imperio cuando huele debilidad. Venezuela fue el mensaje. México haría mal en ignorarlo, invocando un Derecho Internacional que Trump está dispuesto a utilizar como papel de baño.





