Adán va a empoderar a La Barredora en la cuarta circunscripción. AL GRANO. Por Jesús López Segura

La decisión no fue suya ni de la Presidenta Sheinbaum: “Se platicó con quien se tenía que platicar”
Adán Augusto López Hernández dejó “por voluntad propia” la coordinación de los senadores de Morena porque, según pretende hacernos creer, “su tarea institucional ya está cumplida: mayoría calificada amarrada, Plan C ejecutado y disciplina legislativa garantizada”. El Senado, pues, ya no requiere operador. Ahora —parece— hace falta alguien que sepa mandar fuera del edificio, donde su sobrino Andy simplemente no da el ancho.
El relevo por su incondicional Ignacio Mier fue inmediato y sin sobresaltos, señal inequívoca de que la jugada estaba pactada desde antes. Lo verdaderamente revelador vino después, cuando Adán Augusto anunció que se dedicará de lleno a la “tarea de territorio” rumbo a 2027, especialmente en las zonas con mayor padrón electoral. En Morena, cuando se habla de territorio no se alude a tocar puertas: se habla de imponer condiciones, de administrar lealtades y de garantizar el sometimiento ciudadano.
El exsecretario de Gobernación regresa así a su especialidad: la política sin cámaras, donde el poder no se discute, se ejerce. En la cuarta circunscripción, donde el Estado suele llegar tarde —si es que llega—, su desembarco no suena a campaña anticipada, sino a reordenamiento del mando. No a ganar simpatías, sino a dejar claro quién administra la plaza… y los votos.

Adán Augusto vuelve a “barrer” el territorio
Mientras el discurso oficial habla de fortalecer al partido, la realidad sugiere algo distinto: asegurar que el dominio territorial quede en manos “confiables”, incluso si eso implica convivir —o reinstalar— estructuras que operan mejor fuera de la ley que dentro de ella. La Barredora no aparece en los boletines, pero tampoco necesita presentación.
El Senado pierde a su coordinador; el territorio gana a su operador. Y en un país donde la política y el crimen organizado aprendieron hace tiempo a cohabitar y repartirse funciones, el mensaje es transparente: 2027 no se va a disputar con proselitismo, sino con control. Si Morena quiere ganar todo, alguien tiene que garantizar que nadie más mande donde realmente importa.
La Presidenta intentó poner orden en el relato al asegurar que la salida de Adán Augusto fue una decisión personal del exgobernador de Tabasco, hoy cargando un lastre ignominioso —que la historia no le perdonará—: haber nombrado como secretario de Seguridad a un narco, Hernán Bermúdez Requena.

No hay razones para pensar que la mandataria esté dorando la píldora porque todo indica que en el Senado nada cambiará. Además, si la decisión hubiera sido realmente de ella, Adán Augusto habría terminado lejos, quizá en Lisboa o en París, como se sigue rumorando. Fue el propio senador quien aclaró quién lo reubicó para evitarle mayor desgaste: “yo platiqué con quien tenía que platicar estas cosas”. Una frase dicha con sorna, casi como burla a la autoridad presidencial, y que retrata con precisión cómo se ejerce el poder dentro del patriarcado tabasqueño.





