“Puedo hacer lo que quiera con Cuba”: Trump. AL GRANO. Por Jesús López Segura

El mandatario Ku Klux Klan juega a ser Dios, o Zeus arrojando sus rayos o misiles flamígeros
Desde el Despacho Oval, Donald Trump no habló de relaciones internacionales, sino de “tener el honor de tomar Cuba… o liberarla”, porque —según su propia teología del ego— puede “hacer lo que quiera”. Más que política exterior, una fantasía de conquistador con ínfulas de emperador todo poderoso.
Mientras tanto, en la muy terrenal isla cubana, el régimen de Miguel Díaz-Canel intenta sobrevivir a apagones, escasez de combustible, protestas ciudadanas y una economía en estado de coma inducido. En un giro menos épico, pero más urgente, abre la puerta a su diáspora para invertir, asociarse e incluso operar negocios —incluidos los bancarios—, no por convicción ideológica sino por necesidad: cuando la luz se apaga a diario, hasta el dogma se vuelve flexible.
Así, el contraste es grotesco: de un lado, un presidente estadounidense que habla de “tomar” países como si fueran fichas de colección; del otro, una isla que, entre apagón y apagón, intenta atraer capital hasta de aquellos a quienes antes miraba con recelo. En medio, negociaciones discretas entre Washington y La Habana que desmienten el tono bravucón.
Al final, Trump promete conquistas imaginarias mientras Cuba negocia su supervivencia real. Uno juega a ser Dios; la otra, a no quedarse a oscuras.
“No me digas que todavía escuchas a Silvio Rodríguez“, le dijo Rafael Cardona a Pepe Cárdenas en su “Cristalazo” de Telefórmula. A lo que don Pepe no supo qué responder.
Quienes vimos en los 60 y los 70 a la revolución cubana como la más heroica manifestación de dignidad frente al imperio norteamericano, nos confundimos ahora con la aplastante condena a la dictadura de Díaz Canel que retumba en espacios de comunicación incluso que nunca clasificamos de reaccionarios o conservadores.
Por cierto que las apariciones fantasmagóricas de AMLO cada vez tienen efectos más negativos en el universo informativo nacional, con todo y que, la ingenua o audaz presidenta, parece estar obstinada en dejarse llevar.
Si en lo personal donara —como Cardona— un peso a Cuba, jamás lo haría en una cuenta recomendada por quien encabezó, a todas luces, el huachicol fiscal.





