viernes, mayo 22

Los sueños húmedos de los mexicanos de bien. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Cuando la gente honrada de México se deshaga de las siglas partidistas, otro ganso cantará

Tienen relativa razón los propagandistas disfrazados de periodistas o, peor aún, de analistas “objetivos” adornados con los ropajes pseudocientíficos que hoy les provee la inteligencia artificial, cuando se muestran desesperados ante el desmoronamiento del bloque monolítico y de pensamiento único morenista, cuando advierten, con evidente angustia, fenómenos “extraños” en los que militantes de distintas corrientes políticas comienzan a coincidir en torno a alternativas de poder impensables para las mentalidades autoritarias que profesan una fe ciega a falsos mesías y redentores no ya populistas, sino francamente populacheros.
El PRI fue capaz, durante 70 o 76 años —según el enfoque histórico—, de mantenerse en el poder gracias a sus mecanismos de alternancia interna, aquello que Mario Vargas Llosa definió como la dictadura perfecta. Y ello fue posible por una razón elemental: el priismo permitía, hasta cierto punto, la autocrítica y alternaba en la Presidencia a representantes de sus dos grandes corrientes internas, la conservadora y la nacionalista-revolucionaria. Así coexistieron proyectos tan disímbolos como los de Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán; Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.
Fue con Miguel de la Madrid cuando se rompió aquella lógica. La corriente crítica fue prácticamente expulsada, dando origen al Frente Democrático Nacional y a la traición de Manuel Bartlett. A partir de ahí se consolidaron tres décadas de neoliberalismo salvaje cobijado por los tratados de libre comercio con un imperio norteamericano ya en franca decadencia.
No hago el cuento largo. Morena atraviesa una crisis prematura por una razón simple: es un movimiento completamente refractario a la crítica. Los fanáticos del pejismo se sienten la última coca del desierto. Ven en cualquier cuestionamiento el espectro de la ultraderecha. Han traicionado muchas de las banderas históricas de la izquierda internacional, pero se siguen creyendo moralmente impolutos. Han sembrado, a lo largo de su todavía breve trayecto, señales gravísimas de coqueteo con el crimen organizado y aun así se consideran merecedores de indulgencia absoluta en nombre de la supuesta pureza de sus causas.

En el Estado de México adoptaron sin el menor rubor a personajes tan deleznables como EruvielEl ChapitasÁvila y terminaron empiernados con Alfredito del Mazo Maza, heredero de la dinastía aberrante del Grupo Atlacomulco y del hankismo depredador.
Me enorgullece decir que fui de los pocos analistas —si no es que el único— que criticaron sin dobleces al delmacismo corrupto. La respuesta de la Morena mexiquense en el poder ha sido mantenerme en las listas negras donde sobrevivo, a duras penas, desde que Raúl Vargas Herrera me clavó el puñal de la traición en la espalda. No me quejo. Es el precio que se paga cuando se habla sin tapujos. Simplemente describo una realidad que quizá resulte reveladora para observadores que desconocen ciertos entretelones de la narrativa política estatal, esa que suele ocultarse detrás de las apariencias y la simulación.

Un movimiento genuinamente de izquierda habría acotado ya, después de siete años, las ganancias FOBAPROicas de los bancos en beneficio real de la población. No para expandir las limosnas del bienestar, sino para impulsar créditos accesibles a pequeñas y medianas empresas, lejos de la rapiña bancaria desalmada que continúa intacta, e incluso ha crecido al cobijo de la izquierda.
Sin necesidad de caer en utopías, ya debería funcionar eficazmente la atención hospitalaria para mujeres que abortan en todo el país. Pero el conservadurismo inequívoco de López Obrador lo impidió, apenas disimulado mediante un falso feminismo burocrático diseñado para premiar a amigas e incondicionales.
De la mentira descarada de regresar a los militares a sus cuarteles, tras la infame patada de Felipe Calderón al avispero, transitamos a una militarización compulsiva de grandes proporciones, no sólo de la seguridad pública, sino incluso de la obra pública del régimen pejista, en uno de los procesos que la izquierda auténtica observa con verdadero horror.
Sí. Los hombres y mujeres de bien —de izquierda o de derecha, pero honestos— creemos que todavía es posible coaligarnos para ponerle un alto a esta simulación autoritaria que coloca a nuestra hermosa nación al borde de desastres agravados por los últimos estertores del imperio norteamericano y el calentamiento global.
O actuamos sin prejuicios partidistas, pensando en la prosperidad común, despojándonos de fanatismos ideológicos, o heredaremos a nuestros hijos y nietos un país cada vez más peligroso e inhabitable.

El destino ya nos alcanzó

@notiguia_tv

Cuestionado en La Mañanera sobre sus promesas de campaña de regresar el #Ejército a los cuarteles, el Presidente #LópezObrador se desmintió de manera tajante, contra muchas evidencias videográficas…

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