La presidenta Sheinbaum, ¿al borde de un ataque de nervios? AL GRANO. Por Jesús López

Rosa Icela Rodríguez se niega a revelar el paradero de Rocha Moya: “¿Y yo por qué?”
Dice doña Claudia —con la puerilidad de una Caperucita guinda rodeada de lobos y demonios— que es tiempo de defender los principios: “hay momentos para la eficacia y otros para los principios. Yo creo que este es un momento de principios, entre los que destacan la soberanía nacional y la independencia de México”.
Lo afirma con candidez enternecedora mientras el desgobernador michoacano, Alfredo Ramírez Bedolla, es eximido de declarar ante la Fiscalía florero por el asesinato de Carlos Manzo. ¿A qué principios alude entonces doña Claudia? 
¿A qué convicciones, creencias o ideales se refiere Sheinbaum cuando Manzo le rogó una y otra vez ayuda a ella, al propio Bedolla y a García Harfuch para limpiar Uruapan de criminales, y sus exhortos públicos fueron ignorados con un desprecio burocrático que apesta a complicidad, hasta que finalmente lo asesinaron?
Dice Loret que, a diferencia de AMLO —que siempre se mostraba sereno, con las cosas bajo control, sin gritarle a nadie ni humillar a sus colaboradores frente a terceros—, la presidenta Sheinbaum ha normalizado un estilo de mando basado en maltrato, gritos, groserías, reacciones viscerales y descalificaciones públicas. ¿Estará la mandataria mexicana al borde de un ataque de nervios, como diría Almodóvar?
Mientras ella proclama que es tiempo de defender principios, Loret agrega: “Adán Augusto López mantiene la influencia política y controla el Senado, a pesar de sus vínculos con La Barredora y sus expedientes de enriquecimiento inexplicable. Andy López Beltrán opera en múltiples áreas del gobierno donde sus leales canalizan contratos hacia donde él ordena, pese a las recurrentes denuncias públicas en su contra. Ricardo Monreal, aunque le pidieron desde Palacio Nacional y Gobernación desprenderse de Pedro Haces, lo sigue manteniendo cerca y continúa controlando la Cámara de Diputados. Jesús Ramírez no ha perdido el dominio de la narrativa de las mañaneras ni de la red de ‘periodistas’ afines…”.
La primera mujer en ocupar la Presidencia de México habla de “principios” mientras “Estados Unidos convoca al mundo a unirse contra el Cártel de Sinaloa“, como Proceso tituló la nota sobre el exhorto de Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, a los países aliados para responder con firmeza a las amenazas terroristas, incluyendo expresamente al Cártel de Sinaloa, durante la conferencia internacional “No al financiamiento del terrorismo” del G7 celebrada en París.
El “¿y yo por qué?” de Rosa Icela Rodríguez retrata con precisión lastimosa la soledad de una mandataria abandonada incluso por sus propios subordinados. Cuando la titular de Gobernación responde con esa deleznable expresión foxista a la elemental pregunta sobre el paradero del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya —requerido en extradición por el gobierno de Estados Unidos—, en realidad lo que está diciendo es: “pregúntenle a la Presidenta”.





