¿Qué tienen en común los casos de Fernando Flores y Nancy Nápoles? LA VERSIÓN NO OFICIAL

La asonada mediática como instrumento para el linchamiento político de los adversarios
Ya van dos escándalos mediáticos consecutivos en el Estado de México que han alcanzado una difusión inusitada a nivel nacional y que, al no estar plenamente sustentados en hechos comprobados, sino en la gritería característica de los linchamientos mediáticos, dibujan el panorama inequívoco de construcciones artificiales impulsadas desde instancias muy poderosas con fines francamente electorales: eliminar del tablero tanto a opositores relevantes como a integrantes del propio partido que pertenecen a tribus distintas.
Fernando Flores, alcalde de Metepec, ha sido objeto de una embestida feroz por parte de una multitud de medios —obviamente coordinados por una misma mano que mece la cuna— por el simple hecho de haber irrumpido en un club privado, parcialmente de su propiedad, acompañado de sus escoltas —ni modo que lo dejaran entrar solo— para atender un llamado familiar de auxilio y haber propinado una bofetada a una persona cuya identidad y papel en los hechos siguen sin quedar claros, pese a la marejada de “información” difundida durante semanas.
Nancy Nápoles, alcaldesa de Tenancingo, ha sido sometida a un linchamiento de características sorprendentemente similares. Solo que en esta nueva trama macabra se ha involucrado directamente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, que el próximo 9 de julio tendrá que ratificar o corregir su apreciación inicial respecto de un supuesto “autosecuestro” de la munícipe.
En entrevista con Ciro Gómez Leyva, Nancy Nápoles expuso esta mañana, entre los titubeos propios de una víctima cercada por la multitud linchadora, su versión de los hechos. Sin embargo, tanto Ciro como su patiño Manuel Feregrino omitieron la pregunta fundamental que a periodistas de su experiencia difícilmente podría escapárseles, salvo que existan intereses no estrictamente periodísticos de por medio.
Si la alcaldesa ha denunciado públicamente que “detrás de todas estas acciones existe un propósito político para desacreditarla como persona, como mujer y como servidora pública”, y además asegura contar con datos y pruebas de que detrás de la operación estarían “subalternos que operan en territorio bajo las órdenes directas de la Secretaría General de Gobierno“, lo mínimo exigible habría sido profundizar en esa acusación.
Porque hay un dato elemental que ayuda a entender el contexto: Nancy Nápoles pertenece a la corriente Mexiquenses de Corazón, encabezada por Higinio Martínez, coordinador de los senadores de Morena, quien muy probablemente asumirá la presidencia de la Mesa Directiva del Senado, grupo político que mantiene una confrontación abierta con la facción que encabeza Horacio Duarte desde la Secretaría General de Gobierno.
Por eso Nancy habla de un propósito político.
Por eso Fernando Flores ha sido atacado con especial saña por un medio de comunicación en particular, cuyo entorno familiar mantiene aspiraciones políticas incrustadas en el cabildo metepequense y que, casualmente, se ha distinguido por promover con entusiasmo la prematura —y jurídicamente cuestionable— precampaña de Horacio Duarte rumbo a la gubernatura.
No deja de resultar pintoresca la respuesta del propio secretario general a los señalamientos de la alcaldesa. Según él, Nancy Nápoles no se refería a su persona porque “yo no soy la Secretaría, soy el secretario”. Una defensa digna de figurar en una antología nacional de perogrulladas.
Por lo que alcanza a desprenderse de las declaraciones de la alcaldesa, el secuestro podría haber sido ejecutado por operadores políticos vinculados con su cuñado —actualmente prófugo—, circunstancia que habría llevado a los investigadores a considerar inicialmente la hipótesis del autosecuestro. De hecho, desde el primer momento, el senador Higinio Martínez expresó públicamente su solidaridad con Nancy Nápoles, gesto que contrasta con la actitud asumida tanto por la dirigencia panista respecto de Fernando Flores como por la morenista respecto de la propia alcaldesa, ambos abandonados a su suerte por sus respectivos partidos antes siquiera de conocerse con claridad los hechos.
Aunque las acusaciones no llegaran a prosperar judicialmente, el objetivo político parece haberse cumplido desde el primer día.
En el caso de Fernando Flores, el daño se dirigió contra la viabilidad electoral de su esposa como eventual sucesora en Metepec. En el de Nancy Nápoles, el golpe apunta a despojarla tanto del cargo como de su militancia política. Aunque todo esto podría revertirse con una acertada decisión de la Fiscalía mexiquense de no permitir que la usen con fines electoreros.
La pregunta es si la gobernadora Delfina Gómez consentirá que estas disputas internas sigan librándose mediante escándalos mediáticos y expedientes judiciales artificiosos, o si, en algún momento, les pedirá amablemente a “los subalternos que operan en territorio bajo las órdenes directas de la Secretaría General de Gobierno“ que jueguen limpio.





