miércoles, junio 24

¿Por qué la ofenden con The Beatles si a Claudia le gusta Grupo Firme? AL GRANO

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La reflexión profunda de la presidenta Sheinbaum ante “la bajeza” de El Universal

Por Jesús López Segura

Lo pensó durante varios segundos.

La Presidenta fue puesta contra las cuerdas por el lambiscón número dos de la corte mañanera, Vicente Serrano. El número uno, por supuesto, sigue siendo el imbatible Lord Molécula.

En pleno día de su cumpleaños 64, doña Claudia se vio obligada a ofrecer una reflexión profunda que iluminara a los adoradores de Andrés Manuel López Obrador en estos momentos de terrible oscuridad provocados por “la bajeza” de El Universal, de publicar completa una vieja entrevista realizada por Edmundo Cázarez a Carlos Monsiváis.

En el párrafo omitido en la versión original, Monsiváis decía:

“A Andrés Manuel lo estimo mucho, pero la verdad… ¡Está loco! Sufre desmedidos sueños de grandeza. Quiere llegar a ser un moderno Julio César o Nerón. Déjeme contarle que, hace algunos años, le di cobijo a Andrés Manuel López Obrador cuando llegó huyendo de Macuspana, Tabasco, a los 19 años de edad; había asesinado accidentalmente a su hermano. Lo tuve aquí en mi casa por espacio de nueve meses, pasé deliciosas y divertidas noches con él. López Obrador, por dinero… ¡era capaz de hacer lo que fuera!”

Ante semejante desafío intelectual, la mandataria meditó. El país entero aguardaba una respuesta a la altura de las circunstancias.

Y entonces se hizo la luz.

Con el rostro satisfecho de quien acaba de ganar el premio mayor de los 64 mil pesos, en un concurso de televisión de los años setenta, después de dedicarle una generosa colección de adjetivos despectivos al Gran Diario de México, soltó su profunda reflexión filosófica:

—Como diría Grupo Firme: “Ya Supérame”.

Acto seguido pidió a sus colaboradores que pusieran la canción. La misma rola que ha promovido desde sus tiempos como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, cuando prácticamente le entregó al Grupo Firme las llaves de la capital, pese a que la letra difícilmente podría ser considerada una joya del pensamiento feminista y la interpretación dista mucho de figurar entre las cumbres artísticas de la humanidad.

La obra maestra comienza así:

“¿Qué parte no entiendes cuando te digo que no?
¿La N o la O?
Tu tiempo se acabó…”

La producción, prudentemente, interrumpió la reproducción. Pero la Presidenta, entusiasmada, pidió que continuara:

“Ya supérame y deja hablar mal de mí,
tienes que saber perder igualito que sabes mentir…
Ya cambié de corazón y tú no vuelves a entrar aquí
Ya supérame, que no te arda estar sin mí”.

 

Mensaje presidencial recibido.

Vicente Serrano encabezó entonces el coro de periodistas y propagandistas que negaron categóricamente que López Obrador hubiera vivido alguna vez con Carlos Monsiváis. Del supuesto homicidio accidental del hermano del expresidente, ni una palabra. Pero sí tuvo la muy “progre” precaución de expresar su indignación por el carácter supuestamente homofóbico de la publicación.

Es decir, para la feligresía obradorista, lo de las “deliciosas y divertidas noches” podría ser perfectamente cierto; lo verdaderamente ofensivo sería comentarlo.

La lógica de los nuevos tiempos.

Al final, la cumpleañera partió su monumental pastel mientras sonaba de fondo When I’m Sixty-Four, de The Beatles.

Una elección musical curiosa para una mandataria que, cuando debe responder a una polémica política, prefiere citar al Grupo Firme antes que a Lennon y McCartney.

Al partir el pastel de seguro que el deseo presidencial fue que la Selección Nacional derrotara esta tarde a República Checa. Lo que luce complicado porque ya quedó claro que Javier Aguirre decidió repetir una vieja tradición del futbol mexicano: sentar en la banca al mejor jugador disponible.

Hoy se llama Gilberto Mora.

Ayer se llamó Hugo Sánchez con Mejía Barón.

Después fue Cuauhtémoc Blanco con LaVolpe.

La historia se repite porque en México abundan los entrenadores que creen que el espectáculo consiste en su propio lucimiento personal y no en permitir que brillen sus futbolistas.

De poco servirá que el griterío de la tribuna obligue al Vasco Aguirre a meter a Mora cuando el partido ya esté resuelto. Ningún jugador puede cargar solo con un equipo entero. Todo el proceso de preparación debe poner a la estrella del equipo en el centro de la estrategia y no sacarlo de la banca solo para demostrar que “no era tan bueno”.

A Morena le urge otro triunfo de la selección, pero la estrategia de Aguirre, como destino manifiesto, difícilmente nos llevará a un quinto encuentro. Ojalá que me equivoque.

 

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