
Milenio Edomex destaca aplicación flexible sobre su regulación en escuelas mexiquenses
Por Jesús López Segura
De acuerdo con una información de Bernardo Jasso, publicada en Milenio Estado de México, la regulación del uso de teléfonos celulares en las escuelas de educación básica de la entidad privilegiará la autonomía de cada plantel para establecer las reglas que mejor respondan a su realidad educativa y social.
La titular del Consejo para la Convivencia Escolar (CONEBI), Elsa Lourdes Fuerte Robles, explicó que los lineamientos derivados de la reciente reforma a la Ley de Educación del Estado de México no impondrán una prohibición absoluta, sino un marco orientador que permitirá a cada comunidad escolar definir, en coordinación con madres y padres de familia, el tiempo, las condiciones y los propósitos para el uso de estos dispositivos.
La funcionaria subrayó que numerosas escuelas ya incorporan herramientas digitales como parte de sus procesos de enseñanza, por lo que la regulación buscará equilibrar el aprovechamiento pedagógico de la tecnología con el fortalecimiento de la convivencia escolar y la protección de niñas, niños y adolescentes.
Según la nota, los lineamientos estarán listos para el inicio del ciclo escolar 2026-2027 y se sustentarán en un Marco Local de Convivencia, con un enfoque basado en el respeto a los derechos humanos y el interés superior de la infancia. Aunque el uso de los teléfonos celulares estará orientado principalmente a fines académicos, el esquema contempla la posibilidad de atender situaciones particulares de acuerdo con las necesidades de cada comunidad educativa.
La información de Milenio Edomex describe una política que apuesta por la regulación responsable, la corresponsabilidad entre autoridades escolares y familias, así como por una integración equilibrada de las herramientas digitales en el proceso educativo, evitando soluciones rígidas y privilegiando decisiones adaptadas a la realidad de cada escuela.
La nota tiene, en efecto, el tono de un final feliz para una polémica que parecía encaminarse hacia una prohibición absoluta del uso de teléfonos celulares en las escuelas de educación básica, alentada desde la Presidencia de la República.
Si la información de Milenio refleja con precisión el criterio que prevalecerá en el Estado de México, no tendría inconveniente alguno en extender una sincera felicitación a Elsa Lourdes Fuerte Robles por colocar este delicado debate en el terreno de la racionalidad y la civilidad. Sin embargo, resulta difícil no preguntarse cuánto tiempo podrá sobrevivir una postura tan sensata frente a la presión de una burocracia federal decidida a convertir al teléfono celular en el enemigo público número uno de la educación mexicana.
Y la razón es tan sencilla de explicar como incómoda de aceptar.
El teléfono celular posee, al menos, dos funciones que lo convierten en el instrumento más poderoso para impulsar una auténtica revolución educativa.
La primera es su cámara. Gracias a ella, cada estudiante puede convertirse en un reportero capaz de documentar y difundir de manera inmediata cualquier irregularidad que ocurra dentro de la escuela. Desde actos de discriminación, humillaciones o abuso de autoridad, hasta casos de violencia escolar, negligencia o violaciones a los derechos de niñas, niños y adolescentes. La cámara del celular introduce un elemento profundamente incómodo para cualquier sistema cerrado: la rendición de cuentas.
La segunda función resulta todavía más trascendente. Cada teléfono inteligente pone en manos de cualquier alumno —sin importar su origen sociocultural o condición económica— la mayor biblioteca, videoteca, fonoteca y hemeroteca que la humanidad haya construido. Nunca antes el conocimiento estuvo tan cerca de cualquier ciudadano.
Ese acceso prácticamente ilimitado a la información reduce la dependencia del estudiante respecto del discurso único del aula y le permite contrastar versiones, ampliar conocimientos, verificar datos y desarrollar pensamiento crítico. Precisamente ahí radica el verdadero potencial revolucionario del celular.
Porque un alumno informado siempre será más difícil de manipular que uno condenado a depender exclusivamente de lo que otros decidan enseñarle.
Quizá por eso algunos gobiernos prefieren presentar al teléfono celular como un problema disciplinario antes que reconocerlo como una herramienta extraordinaria para democratizar el conocimiento.
La imposición de la ideología dominante a través de los aparatos ideológicos del Estado, —destacadamente la escuela, la familia patriarcal, la iglesia y los medios de difusión masiva, lo mismo en un Estado capitalista, socialista, populista o fascista—, es una función irrenunciable, independientemente de los instrumentos que “la evolución de las fuerzas productivas” ponga al servicio de la liberación de la sociedad. Eso es una verdad que los militantes de las “izquierdas” deberían tener como un evangelio.
Después de todo, solo se trata de otro ladrillo en la pared.





