miércoles, septiembre 9

¿Y dónde está el piloto del Huachicol Fiscal? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Ningún burócrata menor tendría el poder de orquestar el mayor fraude de la historia

Salvador García Soto pone el dedo en una de las heridas más incómodas del huachicol fiscal: el misterioso paradero del almirante Rafael Ojeda Durán, precisamente cuando la Fiscalía debería querer escucharlo y no perderlo de vista.

El exsecretario de Marina fue, según la versión oficial, quien alertó en 2024 sobre una red de contrabando de combustibles que involucraba a funcionarios y mandos de la propia Marina y de otras instituciones como la red de Aduanas. Sin embargo, cuando la defensa de los hermanos Farías Laguna pidió que compareciera como testigo, resulta que nadie sabe dónde encontrarlo.

¡Qué extraordinaria eficiencia institucional! Para perseguir a un acusado hasta Argentina hay Fiscalía; para localizar al hombre que supuestamente destapó la cloaca, parece que hay amnesia.

Y la pregunta de García Soto se vuelve todavía más incómoda: si Ojeda conocía la existencia de la red, ¿qué sabía realmente, cuándo lo supo y por qué nunca rindió una declaración formal que esclareciera hasta dónde llegaba la corrupción?

Más inquietante todavía: sus propios subordinados lo habrían informado de la operación y, posteriormente, uno de ellos fue asesinado. Mientras tanto, los expedientes parecen concentrarse en los presuntos operadores, dejando en una cómoda zona de penumbra a quienes pudieron conocer —o tolerar— el funcionamiento de la red.

Aquí está el verdadero escándalo: si los Farías eran los grandes cerebros del huachicol fiscal, como sostiene la Fiscalía, cuesta trabajo explicar cómo pudieron operar una maquinaria de esa magnitud sin que su jefe y padrino político-militar se enterara.

Y si Ojeda sí se enteró, la pregunta es todavía peor.

¿Por qué no actuó de inmediato?

¿A quién informó?

¿Qué pruebas entregó?

¿Y por qué ahora nadie parece tener prisa por escucharlo?

García Soto plantea la posibilidad de que el silencio del almirante no sea casual y que su ausencia pueda estar protegiendo a alguien más poderoso que dos sobrinos políticos.

No hace falta comprar ninguna hipótesis para reconocer lo esencial: en un caso que apunta a un fraude multimillonario contra el erario, que desaparezca del radar precisamente el supuesto denunciante principal no es un detalle menor. Es el elefante en la habitación.

Y mientras la Fiscalía no consiga responder una pregunta tan elemental como “¿dónde está el almirante?”, seguirá flotando otra mucho más peligrosa:

¿A quién protege su silencio?

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