Citlalli Hernández a la Comisión Nacional de Elecciones. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Otra muestra, entre varias, de que Sheinbaum le está poniendo el cascabel al maximato
Solo los fanáticos del obradorismo duro se niegan a apreciar lo evidente: fue Andrés Manuel López Obrador —y nadie más— quien activó a sus huestes operativas y mediáticas para tenderle la cama a Luisa María Alcalde. No por casualidad, sino por el deterioro de su relación con su hijo Andy, a quien dejó estratégicamente incrustado no en la dirigencia formal del partido —demasiado burdo para proyectarlo rumbo a 2030—, sino en la más discreta pero decisiva Secretaría de Organización. Desde ahí, el heredero podría operar candidaturas y perpetuar al obradorismo duro en las cruciales elecciones de 2027, si Luisa María y Claudia lo permitieran.
El malestar de López con la joven Alcalde se habría agudizado por factores más mundanos: un noviazgo de telenovela y las ambiciones —propias y compartidas— de su pareja, Arturo Ávila, a quien, como al nopal, cada día le descubren nuevas propiedades.
La reacción de Sheinbaum, en la víspera de su viaje a Barcelona, fue de relojería: respaldó públicamente a Alcalde y, al día siguiente, envió a Citlalli Hernández a la Comisión Nacional de Elecciones para ejercer control directo sobre la selección de candidaturas. El mensaje fue claro: ni Palenque ni sus tentáculos en el partido, en Gubernaturas, en Gobernación o en el Congreso dictarán la línea sin resistencia. Un nuevo palmo de narices para el maximato.
En paralelo, el viraje en el manejo del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México confirma que algo se está moviendo en la víspera del encuentro en Barcelona. Tras semanas de negar la responsabilidad de Pemex y culpar a factores externos, el gobierno terminó por reconocer que la fuga se originó en un oleoducto en la zona de Cantarell.
Más allá del error inicial —marcado por versiones contradictorias y omisiones—, lo relevante es la rectificación: la propia administración admitió la falla interna, algo inusitado en la tradición política reciente. La investigación no solo confirmó el origen del derrame, sino que destapó irregularidades graves: ocultamiento de información, retrasos deliberados y decisiones operativas que agravaron el impacto ambiental.
En consecuencia, Pemex separó a tres altos funcionarios y presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República. No se trata solo de contener la crisis, sino de castigar a los responsables dentro del propio aparato estatal.
Ese matiz —reconocer errores y sancionar— marca distancia con el obradorismo clásico, donde la negación solía imponerse a la evidencia. Si este giro se consolida, no solo implica un ajuste de estilo, sino una corrección de fondo: volver, aunque sea parcialmente, a los principios de no mentir, no robar y no traicionar que el propio movimiento proclamó… y que en la práctica tantas veces quedaron en entredicho.
Por si alguien todavía duda del viraje discreto, pero sistemático y eficaz que imprime la mandataria a la praxis gubernamental respecto del obradorismo salvaje, es muy refrescante la noticia de que Epigmenio Ibarra empieza a ser requerido para que haga frente, sin dilación, a sus millonarios compromisos financieros. ¡Ya era hora!





