jueves, octubre 1

AMLO reaparece cuando arrecia la presión de Washington. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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De cualquier forma se le ve feliz, igual que a doña Claudia en su mañanera

Andrés Manuel López Obrador salió de su retiro justo cuando los reflectores estadounidenses volvieron a apuntar hacia su hijo Andy. Casualidad o sincronía política, la coincidencia es demasiado oportuna para pasarla por alto: mientras AMLO reaparece en Palenque para presentar “Pueblo“, defender la 4T y volver a arremeter contra periodistas críticos, en Estados Unidos dos agencias revisan señalamientos sobre posibles vínculos de Andy con el crimen organizado y el contrabando de combustible. El reporte, conviene precisarlo, no habla de una investigación formal ni de una acusación judicial.

A la cancelación de visas de los hijos del expresidente se suman sanciones estadounidenses contra personajes del entorno morenista y otros expedientes que colocan bajo sospecha a figuras políticas cercanas al poder de la 4T. Incluso su irrupción en el escenario ocurre a dos días de ser perfilado como probable perpetrador de crímenes de lesa humanidad por la Universidad de Berkeley, debido a sus ataques contra la prensa independiente y el asesinato masivo de defensores de derechos humanos durante su administración.

AMLO ya no tiene una mañanera para administrar el incendio desde Palacio Nacional. Ahora dispone de un libro, una aparición desde Palenque y el viejo recurso de culpar a los medios y a los “potentados”, lo cual es perfectamente legítimo como ciudadano ejerciendo su libertad de expresión, pero no como un mandatario al ataque desde un púlpito financiado con cuantiosos recursos públicos.

Durante años, López Obrador pudo presentar las críticas periodísticas como campañas de sus adversarios, estrategia lamentablemente seguida por sus sucesora en el cargo, quien esta mañana se manifestó emocionada por la reaparición de su mentor.

Ahora la presión tiene otros protagonistas: agencias estadounidenses, sanciones financieras, restricciones de visas y señalamientos que trascienden la arena doméstica.

Mientras López Obrador reivindica su legado y prepara otro libro sobre Estados Unidos, Estados Unidos parece estar escribiendo un capítulo que definitivamente no cuadra con la narrativa del suyo.

El verdadero problema para el expresidente mexicano podría ser que mucho antes de que termine su ensayo, Estados Unidos pase de los escritos a las acciones, legales o no, lo que parece poco probable, habida cuenta de la alegría que reflejan tanto él, muy repuesto de salud, y su sucesora, radiante de felicidad.

Parece que doña Claudia ha logrado negociar que Estados Unidos se conforme con chivitos expiatorios como Amílcar Olán y los sobrinos del almirante Ojeda para tranquilizar las aguas de la indignación, a cambio de cerrarle las puertas de la continuidad a todos los políticos de cualquier partido que tengan expedientes abiertos por relaciones con el crimen organizado.

De ahí las sonrisas de felicidad del exmandatario y su pupila que ni siquiera Reyna Haydee le pudo borrar.

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