Marcelo Ebrard ve un festín; Proceso apenas encuentra las migajas. AL GRANO. Por Jesús López S.

Con las mismas cifras en la mano, el secretario de Economía y la revista cuentan dos países distintos
Para Ebrard, México vive un momento histórico: un portafolio de 406 mil 800 millones de dólares, más proyectos, más empleos y un Plan México que —según su narrativa— convirtió a 2025 en año récord de inversión extranjera. En su relato, los comités estatales funcionan como relojes suizos, el T-MEC está más vivo que nunca y México no solo exporta más a Estados Unidos, sino que además paga menos aranceles que nadie. Todo cuadra, todo crece, todo brilla.
La revista Proceso, en contraste, se baja del estrado y mira el desglose. Y ahí el récord empieza a encogerse. El mismo portafolio multimillonario revela que el sur del país recibe apenas 6 mil 185 millones de dólares, una cifra que parece error de dedo frente al discurso triunfalista. Las megaobras emblema del obradorismo —Tren Maya, Corredor Interoceánico, Dos Bocas— no detonaron la inversión prometida: apenas rascaron la superficie.
Mientras Ebrard habla de diversificación regional, Proceso muestra que el norte sigue acaparando la inversión y el centro mantiene ventaja, justo lo contrario de lo que se prometió durante el “primer piso” de la 4T. El sur, pese a los discursos épicos y los proyectos faraónicos, continúa siendo el patio trasero económico del país.
El remate lo pone el IMCO: el Índice de Competitividad Regional 2026 confirma que las regiones Maya e Istmo están en el fondo de la tabla, con calificaciones que rozan el suspenso. Mucha obra, poco atractivo; mucha propaganda, baja competitividad.
En síntesis:
Ebrard presume el monto bruto, como si el tamaño del pastel garantizara que todos comieron.
Proceso revisa el reparto y concluye que el sur apenas probó las sobras.
El récord existe, sí. Pero no donde se prometió, ni para quienes se dijo que sería. Entre el discurso oficial y la realidad regional, el Plan México parece más un power point exitoso que una política capaz de corregir la desigualdad territorial que la 4T juró enterrar.
Pero quizá lo más destacado de las cuentas alegres de don Marcelo es que, para la mayoría de los medios, prácticamente pasaron desapercibidas.





