viernes, septiembre 18

Desplazar, no enjuiciar a la nomenklatura obradorista. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López

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Se comenta que Horacio Duarte dejará la Secretaría de Gobierno mexiquense

Esta mañana, la Presidenta Sheinbaum reiteró que no existe carpeta de investigación alguna contra el almirante Rafael Ojeda y justificó la pensión de 150 mil pesos mensuales que, según publicó El Universal, continúa cobrando, a pesar de las acusaciones y señalamientos públicos sobre su presunta participación en el llamado huachicol fiscal. Su argumento: eso es lo que reciben los altos mandos de la Marina y el Ejército al dejar el cargo.

De esta manera, la presidenta parece confirmar la hipótesis de que el régimen que encabeza pretende convertir en chivos expiatorios —del que se ha presentado como uno de los mayores fraudes conocidos— a sobrinos y subordinados de Ojeda, una estrategia cuya fragilidad resulta difícil de ignorar.

Y aquí aparece una hipótesis audaz que, día con día, parece encontrar nuevos elementos para ser considerada:

Sheinbaum no quiere encarcelar, sino contener a las élites más comprometidas del obradorismo salvaje. La mandataria podría estar optando por proteger a las huestes más cuestionadas del morenismo duro —aquellos integrantes de la nomenklatura que, según diversos señalamientos, habrían tolerado o protegido vínculos con el crimen organizado a cambio de recursos para campañas políticas, e incluso participado en negocios criminales tan lucrativos como el huachicol fiscal—, pero no para mantenerlos en el poder, sino para expulsarlos gradualmente de las esferas de decisión sin llevarlos a la cárcel. A fin de cuentas fueron sus compañeros de lucha y ella misma fue beneficiaria de sus poco ortodoxas actividades.

Es decir: acotar, no enjuiciar como exige Donald Trump.

Una estrategia que tendría, además, una lógica política elemental: desmantelar las redes del obradorismo más radical sin convertir a sus integrantes en mártires ni provocar una ruptura frontal con el grupo que todavía conserva influencia dentro de Morena.

Los movimientos que ahora, a propósito de la selección de las llamadas corcholatas estatales, comienzan a observarse con mayor claridad podrían apuntar en esa dirección. Salvo casos como Zacatecas, donde parece abrirse una concesión a Ricardo Monreal a cambio de su eventual retiro de la política activa, como ya lo ha anunciado, distintos integrantes de la nomenklatura morenista podrían estar siendo desplazados para ser sustituidos por cuadros más cercanos a la actual presidenta y, al menos en apariencia, menos expuestos por relaciones peligrosas con grupos criminales.

El poder de Adán Augusto López que, junto con Monreal y la mayoría calificada podrían haber perpetrado un golpe Legislativo de Estado, ha sido controlado ya con la elección para la mesa directiva senatorial del mexiquense Higinio Martínez, un legendario exponente de la izquierda inteligente y civilizada.

¿Simple coincidencia? Puede ser.

Pero en política, las coincidencias suelen adquirir significado cuando se acumulan.

La inusual deferencia del jefe de la DEA hacia Omar García Harfuch durante su reciente encuentro en Argentina tampoco puede dejar de observarse en el contexto de la presión estadounidense sobre México y del respaldo que Washington ha expresado hacia determinados actores de la estrategia mexicana de seguridad. Convertir ese gesto, sin más, en una garantía de respaldo militar estadounidense a Sheinbaum frente a una eventual intentona interna sería aventurado; interpretarlo como una señal política, en cambio, merece atención.

Y luego está Andy.

La estridente carta de Andrés Manuel López Beltrán tras la cancelación de su visa, independientemente de quién haya redactado el documento o de cuáles hayan sido sus motivaciones reales, exhibe la irritación de un sector del obradorismo frente a lo que podría ser el progresivo cierre de espacios para sus operadores políticos. La guadaña que amenaza la cabeza de Amilcar Olán es una muestra de que será el chivo expiatorio para salvar el cuello de Andy.

De ahí que la paciencia de Penélope resulte una metáfora cada vez más tentadora para explicar la estrategia de doña Claudia.

No necesariamente se trataría de destruir al obradorismo más duro. Sólo se planea desactivarlo.

Y esa diferencia es fundamental.

Ayer, un columnista anónimo de El Sol de México, escribió, “A la Sombra”, lo siguiente:

“Nos dicen que, después del 20 de septiembre, el ajedrez político en el Estado de México comenzará a moverse. Sin revelar más allá, pero con la certeza de que así será, se comenta que Horacio Duarte dejará la Secretaría de Gobierno mexiquense … Sin duda, la llegada del texcocano Higinio Martínez a la presidencia del Senado está cimbrando fuerte esas tierras”.

El columnista asegura lo anterior “con la certeza de que así será” y atribuye el movimiento a que “la llegada del texcocano Higinio Martínez a la presidencia del Senado está cimbrando fuerte esas tierras”.

Con esa misma licencia especulativa, podríamos aventurar que Maurilio Hernández podría ser uno de los nombres considerados para sustituir a Duarte y que los días de algunos otros integrantes de la nomenklatura obradorista en descomposición podrían estar contados.

Entre ellos, desde luego, quienes ocupan posiciones estratégicas y cuya permanencia comienza a resultar incompatible con la nueva correlación de fuerzas, como es el caso de Mario Delgado.

Pero eso, por ahora, pertenece al terreno de la versión no oficial.

Ya veremos.

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