miércoles, octubre 7

Que doña Claudia ya está harta del veleidoso Donald Trump: The Wall Street Journal. AL GRANO

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Reclama, enmuinada, que las acciones de Washington pretenden desestabilizar a su gobierno

Por Jesús López Segura

Según el diario neoyorquino The Wall Street Journal, la presidenta de México habría confrontado a sus principales responsables de seguridad, incluido Omar García Harfuch —su delfín y, según Manuel Velasco, el funcionario más popular desde Pedro Infante—, por los planes de Washington para congelar las cuentas de exfuncionarios presuntamente relacionados con el crimen organizado.

La Presidenta habría considerado que esas medidas podían formar parte de un intento de desestabilización de su gobierno. Finalmente, sin embargo, habría aceptado las acciones para evitar una nueva escalada con Washington.

Y es que el mandatario naranja actúa como la Chilindrina o, para no desentonar con el dirigente verde, como la burrita de Pedro Infante y Blanca Estela Pavón en Los Tres Huastecos: “Aquí mi Chú”. Un día dice que Sheinbaum es maravillosa y al siguiente jura que a México lo gobiernan los narcos. Así, cualquiera, hasta Job, perdería la paciencia.

Durante dos años, la presidenta ha privilegiado la cabeza fría y la cooperación con Estados Unidos, particularmente en materia de seguridad, mientras evita la confrontación pública con Washington.

Y el regocijo mostrado por ella y por su mentor durante la reciente presentación de su nuevo libro, Pueblo, nos hizo pensar que quizá habían llegado a algún acuerdo capaz de poner fin a la tortura política que sufre a diario la mandataria, sometida a los jaloneos de dos hombres poderosos que pretenden arrastrarla en direcciones opuestas.

Incluso formulamos la hipótesis de que tanto doña Claudia como su antecesor, estaban felices con un presunto acuerdo con Trump, tácito o explícito, para buscar algunos chivos expiatorios que permitieran salvar de la cárcel a los miembros más ilustres de la nomenklatura obradorista. A éstos, simplemente, se les iría desplazando del poder, pero sin someterlos a juicio.

Pero parece que Donald Trump da un pasito para adelante y otro para atrás.

Y ahí está el problema: ¿cómo mantener la cabeza fría cuando el interlocutor cambia de humor, de discurso y hasta de diagnóstico sobre México como cambia de cepillo para el pelo?

Porque si un día doña Claudia es una presidenta “maravillosa” y al siguiente encabeza, según Trump, un país gobernado por los cárteles, cualquier estrategia diplomática corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de adivinación.

Y quizá por eso la paciencia presidencial comienza a agotarse: no hay cooperación que alcance cuando la contraparte convierte cada acuerdo en una tregua provisional y cada tregua en el preludio de una nueva amenaza.

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