miércoles, noviembre 4

Andy, ¿una auténtica hermana de la caridad? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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El hijo pródigo empieza a delinear al beltranismo como la fase decadente del obradorismo salvaje

Mientras acumula seis quejas por presuntos actos anticipados de campaña en Tabasco, Andrés Manuel López Beltrán intenta sacudirse, mediante un video en redes sociales, el creciente rosario de señalamientos de corrupción que amenaza con convertirse en una pesada carga para Morena y para el legado político de su padre. Su estrategia, sin embargo, parece resumirse en una vieja máxima del obradorismo salvaje: cuando las explicaciones escasean, siempre queda el recurso de declararse víctima de la derecha.

La paradoja es digna de atención. Andy ya se mueve como candidato, aunque todavía no lo sea formalmente. El Instituto Nacional Electoral (INE) recibió seis quejas en su contra por presuntos actos anticipados de campaña, derivadas de sus recorridos por el distrito federal 06 de Tabasco, integrado por Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa, donde pretende obtener la candidatura morenista a diputado federal en 2027, es decir para cualquier con tres dedos de frente: el ansiado fuero.

La precampaña disfrazada de movilización territorial tiene una cronología bastante elocuente. El 25 de mayo, Andy renunció a la Secretaría de Organización de Morena con el argumento de que buscaría una diputación federal por Tabasco. Dos días después anunció su regreso a la entidad para recorrer el territorio y conquistar simpatías. Aseguró que ganaría caminando casa por casa y, el 2 de agosto, inició sus visitas a las 170 secciones electorales del distrito. El 1 de octubre dio otro paso al registrarse como aspirante a coordinar los comités de Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional en esa demarcación. No tardó sino unos días en reconocer que la gente lo recibía única y exclusivamente por ser hijo de AMLO.

Pero las dificultades de Andy no se limitan a las autoridades electorales. A los cuestionamientos por su costoso viaje vacacional a Japón, su estilo de vida poco compatible con la austeridad republicana, la cancelación de su visa estadounidense y los señalamientos sobre sus presuntos vínculos con el empresario Amílcar Olán y el negocio del huachicol fiscal, ahora se suma la necesidad de salir públicamente a defenderse.

En un video difundido en sus redes sociales, el hijo del expresidente negó haber intercedido por Olán y rechazó cualquier relación con el tráfico ilegal de combustibles. En lugar de ofrecer explicaciones convincentes sobre los señalamientos que lo persiguen, denunció una supuesta campaña de calumnias contra él, su padre y Morena, y responsabilizó a potentados y periodistas de una embestida mediática.

La defensa tiene un inconveniente: los señalamientos no surgieron de la imaginación de una conspiración opositora. Existen audios y otros elementos documentales difundidos por la prensa que han alimentado las sospechas sobre sus relaciones con determinados empresarios y negocios bajo cuestionamiento. Pretender que todo se reduce a una campaña de desprestigio no hace desaparecer las grabaciones ni convierte automáticamente en falsedades los indicios que reclaman una explicación. Quizá el más deleznable de los audios incriminatorios es el relativo al balastro de mala calidad donde se proclama que si el Tren Maya se descarrila ello ya sería “otro pedo”.

Y aquí aparece otro elemento particularmente incómodo: la fiscal general de la República, Ernestina Godoy, ya se apresuró a precisar que no existe expediente abierto ni orden de detención contra Andy. Una exoneración política de trámite expedito, aunque jurídicamente no equivalga a una investigación concluida ni a una declaración de inocencia sobre cada uno de los señalamientos difundidos. Curiosa diligencia para disipar sospechas cuando todavía quedan demasiadas preguntas sin responder.

Así, mientras el heredero político del obradorismo puro –que empieza a distinguirse cada vez más, afortunadamente, del revisionismo claudista– busca abrirse paso hacia una diputación federal, acumula denuncias electorales y trata de contener el desgaste provocado por las acusaciones que lo rodean, también se presenta como víctima de una derecha empeñada en perjudicarlo. Al parecer, para Andy no hay actos de flagrante nepotismo y corrupción, ni relaciones incómodas: solamente adversarios que conspiran contra su “inmaculada trayectoria”.

La vieja consigna de que «cuando el río suena, agua lleva» debe de resultarle demasiado incómoda. Por eso prefiere invocar aquella otra, tan socorrida en el repertorio de las justificaciones obradoristas: «la prensa mafiosa cuando no mancha, tizna». El problema es que, cuando hay audios, documentos, denuncias y preguntas concretas, no basta con acusar al mensajero para despejar las dudas sobre el mensaje.

Y si Andy aspira a representar a los tabasqueños en San Lázaro, tendrá que comprender que una candidatura no es una patente de corso, ni los apellidos López Obrador constituyen un certificado de inmunidad. ¿O sí?

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