Descalifica Noroña trabajo de la Mesa Directiva del Senado

Por defender a Taddei, protagoniza un encontronazo con la senadora Carolina Viggiano
Por Jesús López Segura
La defensa de Gerardo Fernández Noroña a Guadalupe Taddei terminó colocándolo en una posición particularmente incómoda: salir en defensa de aquello que la propia presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, ha calificado como «indefendible».
El episodio merece recordarse porque el senador morenista protagonizó un áspero enfrentamiento con la priista Carolina Viggiano, cuando ésta cuestionó su empeño por defender a la expresidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), cuya salida se produjo en medio de uno de los mayores escándalos de corrupción que ha enfrentado el organismo.
Noroña sostuvo que Taddei había sido juzgada anticipadamente, invocó su derecho a la presunción de inocencia y la presentó como una funcionaria de carrera, ajena a Morena. Para apuntalar su defensa, recurrió incluso a las declaraciones de quien considera «el mejor presidente que ha tenido México», Andrés Manuel López Obrador, quien aseguró que Taddei era honesta y de una sola pieza, aunque luego admitió que ni siquiera la conocía.
Viggiano concedió que, en efecto, Guadalupe Taddei tenía una trayectoria profesional, pero reviró que Morena había terminado por echarla a perder. La discusión escaló rápidamente hasta convertirse en un intercambio de descalificaciones personales de tono bastante más subido que el nivel habitual del debate parlamentario.
El presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez, había establecido que el intercambio concluiría con las intervenciones de ambos legisladores, para dar paso a los importantes asuntos pendientes en el orden del día. Sin embargo, Noroña insistió en prolongar la confrontación, alegando una presunta alusión personal porque Viggiano lo había señalado con el dedo. Martínez le concedió entonces el uso de la palabra desde su curul.
Posteriormente, el senador Manuel Añorve solicitó intervenir y cedió su tiempo a Viggiano. Eso fue todo. No hubo, por tanto, una negativa arbitraria al derecho de Noroña a expresarse, sino una conducción de los trabajos parlamentarios estrictamente apegado a la norma y que debía poner fin a un altercado que ya había consumido suficiente tiempo.
Por eso resulta particularmente llamativo que Fernández Noroña haya acudido después a medios afines para quejarse de que el presidente de la Mesa Directiva le negó el uso de la palabra y, peor aún, «no lo defendió». Como si la responsabilidad de quien conduce los trabajos legislativos consistiera en convertirse en abogado defensor de cada correligionario que decide enfrascarse en una disputa.
Los mismos medios sometieron después a Higinio Martínez a entrevistas con preguntas con evidente intención provocadora, entre ellas “si era cierto que había renunciado a la conducción de la Mesa Directiva“, como supuestamente habría afirmado Noroña.
La paradoja es digna de atención: el senador que no tuvo empacho en desafiar la conducción parlamentaria cuando ésta dejó de favorecer sus propósitos, ahora pretende descalificar a quien tenía la responsabilidad de poner orden en el recinto. Y todo por defender a una exconsejera electoral que, según la propia dirigente nacional de su partido, es sencillamente indefendible.
Quizá por eso Carolina Viggiano elogió a Higinio Martínez como un dirigente civilizado y puso énfasis en que Fernández Noroña “es un acomplejado que se siente frustrado por no haber alcanzado la presidencia de la mesa directiva”. ¿Será?





