miércoles, febrero 8

Celebra AMLO que 80% de la población está a favor de la militarización

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Las tendencias punitivas de la sociedad son usadas por AMLO contra sus adversarios: Aguilar Camín

Ahora sí el Presidente López Obrador se mostró satisfecho con una información de El Universal, diario al que habitualmente no baja, junto con Reforma, de “asqueroso pasquín”.

Dijo con cara de júbilo, apenas disimulada, que una encuesta de ese periódico recogía la feliz noticia de que el 80% de la población en México está a favor de que la Guardia Nacional pase a formar parte de la SEDENA, lo que fortalece su iniciativa “preferente” para que tal propósito inconstitucional tenga efecto.

Repitió el mandatario, por enésima vez, algo que, francamente, calienta. Aseguró que los que nos oponemos a esa abrumadora militarización en nuestro país, somos “conservadores”.

¿En qué cabeza cabe llamar conservadores a quienes se oponen al militarismo salvaje?

¿Y así quiere escribir un libro sobre “el conservadurismo”?

Cuando presumía don Andrés de ser candidato “de izquierda”, manejaba un discurso radicalmente opuesto. Juraba que, de llegar a la Presidencia, devolvería los soldados a sus cuarteles. Incluso balbuceó (porque ni siquiera tenía el concepto muy claro) que la milicia no está capacitada para tareas de Seguridad Pública, sino para la defensa del territorio y que, aún en el caso de una invasión extranjera, siempre el pueblo -y no el Ejército-, es el que ha dado la cara por la patria. Llegó a ofrecer incluso que desaparecería, como en Costa Rica, al Ejército.

Pero luego alardea de que se le puede acusar de lo que sea, menos de incongruente.

Dice el Presidente que ama profundamente al pueblo de México, pero desconfía tanto del mismo que toda responsabilidad que considera vital o prioritaria, se la encomienda a los militares y para taparle el ojo al macho, alega que los soldados son “pueblo uniformado”.

Desconfía tanto de los civiles que ha estado dándole puestos de mediana relevancia a sus guardias de seguridad y cuando debe nombrar sustituta de la maestra Delfina en la SEP, echa mano de la persona más cercana, con el pretexto de que alguna vez, hace décadas, Lety fue maestra de grupo.

López Obrador no solo se siente a la altura de Madero y Juárez, sino está convencido de que los supera en heroísmo. Se compara más bien, en su intimidad, pero no puede ocultarlo, con personajes como Gandhi y hasta Jesucristo. Cree sinceramente que puede transformar a los criminales en hombre de bien y productivos por la pura fuerza de su prédica mañanera.

Dice Héctor Aguilar Camín, uno de los intelectuales a los que AMLO llama, incorrectamente, “orgánicos” (puesto que lo eran respecto del régimen neoliberal al que estaban fisiológicamente integrados, pero ahora son total y orgullosamente inorgánicos), que los presidentes mexicanos han sido conscientes, palabras más o menos, de la proclividad del mexicano promedio a agudizar sus ansias punitivas, por el clima insoportable de inseguridad en el que transcurren sus vidas.

Y agrega que esos mandatarios siempre procuraron atemperar esa inclinación punitiva (en favor de la pena de muerte, por ejemplo), pero que López Obrador -citando aquí a Jorge Castañeda- por el contrario, la alienta y la usa contra sus adversarios políticos, lo que exacerba el ambiente de polarización extrema a punto de estallar.

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