Trump ofrece nuevas muestras de desquiciamiento: se compara con Jesucristo

Hace una dura crítica contra el Papa León XIV, quien le responde no tenerle miedo
Por Jesús López Segura
Durante su viaje a África, El Papa León XIV subrayó que su papel es espiritual, no político, pero reivindicó su derecho —y deber— de alzar la voz por la paz, el diálogo y la reconciliación. Aseguró no temer a Donald Trump y reiteró que su mensaje no va dirigido contra un líder en particular, sino a toda la comunidad internacional: poner fin a los conflictos y priorizar la justicia.
El contraste se agudiza con la reacción del mandatario estadounidense, quien lo descalificó públicamente, cuestionó su legitimidad como Papa e incluso insinuó que su elección estuvo ligada a su propia figura. La escalada alcanzó un tono extravagante cuando Trump difundió una imagen suya representado como Jesucristo.
El episodio entre el Papa León XIV y Donald Trump retrata, con tintes caricaturescos, la distancia entre un discurso institucional que llama a la paz… y otro que parece competir por ver hasta dónde puede estirar el absurdo.
Mientras el Pontífice opta por la sobriedad —rechazando engancharse en pleitos políticos y reiterando su papel como voz moral contra la guerra y el sufrimiento—, Trump responde con una mezcla de descalificaciones personales, delirios de protagonismo y una narrativa donde él mismo se coloca, sin pudor, en el centro de todo: desde la elección del Papa hasta la salvación espiritual de la humanidad.
La columna de hechos es elocuente. El líder religioso pide diálogo, fin de conflictos y justicia global; el mandatario lo tacha de “débil”, le exige callar en temas internacionales y sugiere, con notable ligereza, que su llegada al Vaticano sería poco menos que una consecuencia indirecta de su propia presidencia. Como remate, Trump difunde una imagen suya caracterizado como Jesucristo, “sanando” enfermos bajo la protección de símbolos patrióticos, en una escena que bordea graves delirios de grandeza.
El contraste no podría ser más crudo: de un lado, un llamado a frenar guerras y evitar el sufrimiento de civiles; del otro, una escalada retórica que trivializa el debate y lo desplaza hacia el terreno de la autoidolatría. No es la primera vez que este tipo de salidas le valen a Trump señalamientos sobre su estabilidad emocional, pero el episodio refuerza la percepción de un liderazgo atrapado entre la grandilocuencia y la desconexión con la realidad.
En ese contexto, la respuesta del Papa —serena, sin confrontación directa y centrada en principios universales— termina funcionando como un contrapunto que exhibe, por contraste, los excesos del político estadounidense. Porque mientras uno insiste en que “alguien debe alzar la voz por la paz”, el otro parece decidido a alzarla para proclamarse protagonista de su propio evangelio. Cada vez hay menos dudas sobre si a Donald le llega bien el agua al tinaco.





