La desigualdad en México ha disminuido: Sheinbaum. AL GRANO. Por Jesús López Segura

La Jornada publica otros datos: Menos de mil personas acaparan 25% de la riqueza nacional
La narrativa oficial insiste en que en México “pagan más los que más tienen” y que la desigualdad ha comenzado a ceder gracias al fin de las condonaciones fiscales impulsado por el obradorismo y defendido hoy con entusiasmo por la Presidenta Claudia Sheinbaum en su mañanera. El problema es que los datos —esos incómodos intrusos— cuentan una historia bastante menos complaciente.
Porque mientras desde el púlpito presidencial se presume justicia tributaria, en la realidad menos de mil personas concentran una cuarta parte de la riqueza nacional. Sí, una cuarta parte, en un país donde la mitad más pobre apenas sobrevive con el 2% del patrimonio total, según muestra un informe elaborado por el Observatorio Fiscal Internacional (ITO, por sus siglas en inglés), publicado hoy mismo nada menos que por el diario oficialista La Jornada.
El contraste no es menor: México no solo figura entre las regiones más desiguales del planeta (contra lo que afirmó esta mañana la Presidenta), sino que además presume una anomalía difícil de maquillar: los más ricos no solo concentran la riqueza, sino que además contribuyen proporcionalmente menos al fisco. El 50% más pobre paga una tasa efectiva de 24%, mientras el 1% más acaudalado apenas aporta 12%. Es decir, el discurso de progresividad fiscal se estrella contra una realidad donde el sistema cobra más a quienes menos tienen.
Y si alguien cree que se trata de una exageración retórica, basta revisar nombres propios: Carlos Slim Helú y su familia controlan una fortuna de 125 mil millones de dólares; Germán Larrea acumula más de 67 mil millones; y Alejandro Baillères supera los 19 mil millones. No es pecado ser rico; lo revelador es que en conjunto ese selecto club no solo concentra riqueza a niveles estratosféricos, sino que lo hace dentro de un sistema fiscal que, en los hechos, les resulta extraordinariamente indulgente.
La paradoja alcanza tintes casi irónicos: México es el país de la OCDE que menos recauda como proporción de su PIB y, al mismo tiempo, uno donde el sistema tributario descansa de forma desproporcionada en impuestos regresivos como el IVA. Es decir, el grueso de la recaudación proviene del consumo de las mayorías, no de la riqueza de las élites.
Así que sí, se eliminaron las condonaciones fiscales del pasado. Pero de ahí a sostener que el sistema se ha vuelto equitativo hay un trecho considerable. Porque una cosa es cerrar la puerta a privilegios que rayan en la abierta corrupción y otra muy distinta desmontar una estructura que, silenciosamente, sigue favoreciendo a quienes están en la cima.
Al final, el dato duro desarma la narrativa: la riqueza de los milmillonarios se ha multiplicado más de 400% en las últimas décadas (incluidos los 7 años de obradorismo), mientras la mitad más pobre permanece prácticamente estancada. Si eso es una reducción de la desigualdad, entonces el concepto ha sido redefinido con una generosidad semántica digna de la mañanera.





