viernes, junio 5

Linchamiento mediático contra alcalde opositor de Metepec. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Irrumpió con determinación ante un llamado de auxilio al interior del deportivo La Asunción

En el clásico nado sincronizado, numerosos medios de comunicación se han lanzado a quemar en leña verde al alcalde de Metepec, Fernando Flores, por haber irrumpido con energía y determinación en el Club Deportivo La Asunción, tras recibir un llamado de auxilio desde el interior.

El video difundido profusamente en redes sociales y espacios informativos muestra al presidente municipal acompañado por integrantes de su equipo de seguridad; al menos uno de ellos porta un arma larga, circunstancia que ha dado pie para alimentar toda clase de interpretaciones y especulaciones.

Sin embargo, lo que ocurre después de esa irrupción no aparece en el material videográfico que ha sido utilizado para sostener el juicio sumario. Algunos medios aseguran que existe otra grabación, tomada desde un ángulo distinto, en la que presuntamente se observa la agresión a una persona. Pero el video que ha servido de base para el escándalo no documenta golpes, agresiones físicas ni actos de violencia. Lo que muestra es a un alcalde respondiendo con firmeza a una solicitud de auxilio.

La pregunta obligada es: ¿por qué una andanada mediática tan intensa y coordinada?

Fernando Flores no es un alcalde cualquiera. De acuerdo con diversas mediciones demoscópicas, figura entre los presidentes municipales mejor evaluados por la ciudadanía. Y no es ningún secreto que nos encontramos en la antesala de un proceso electoral particularmente agitado, donde los ataques políticos suelen disfrazarse de escándalos informativos.

Desde hace tiempo, el alcalde ha sido blanco de embestidas sistemáticas impulsadas por actores con evidentes intereses políticos: un medio de comunicación específico y un regidor con abiertas aspiraciones electorales han mantenido una campaña permanente de desgaste en su contra.

A ello se suma un clima político nacional en el que desde las más altas esferas del poder se ha intentado etiquetar como “ultraderechista” a cualquier opositor con posibilidades reales de crecimiento electoral. Más aún si, como Fernando Flores, se atreve a expresar públicamente solidaridad con figuras incómodas para el oficialismo, como la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.

Por eso no resulta extraño que hoy tengan en la mira a un funcionario que ha construido una imagen de eficiencia administrativa y cercanía ciudadana. Un alcalde que, además, tuvo la decencia política de ofrecer disculpas públicas, no por haber acudido con prontitud y determinación ante una llamada de auxilio, sino por la percepción que pudiera generar un video fragmentado y descontextualizado.

En resumidas cuentas: sin pruebas concluyentes de violencia, el alcalde de Metepec enfrenta una ofensiva política y mediática en vísperas del nuevo ciclo electoral simplemente por haber actuado con la energía debida ante un llamado de emergencia.

Y como ocurre con frecuencia en estos episodios, no podía faltar la rápida intervención de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México. La misma institución que suele mostrarse notablemente indiferente frente a numerosos abusos de poder, omisiones gubernamentales y casos de violencia vinculados a la expansión del crimen organizado, reaccionó en esta ocasión con una celeridad sorprendente para sumarse al coro de condenas anticipadas.

Mientras los hechos no sean esclarecidos en su totalidad, lo que parece estar desarrollándose no es un ejercicio de justicia ni de rendición de cuentas, sino un juicio mediático adelantado contra uno de los alcaldes opositores con mayor presencia política en el Estado de México.

P.D. Hasta la presidenta Sheinbaum pide investigar el comportamiento del alcalde por considerar que la soberbia y la falta de humildad constituyen un delito.

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