Ruffo, responsable de 4 mil de los 554 mil millones de Huachicol Fiscal. LA VERSION NO OFICIAL

¿Quiénes son responsables de los otros 550 mil? ¿Y de las coladeras abiertas en las adunas?
Por Jesús López Segura
La captura del exgobernador Ernesto Ruffo Appel podrá convertirse en el nuevo trofeo mediático de la Fiscalía General de la República, pero difícilmente resolverá la pregunta de fondo. Porque una red capaz de realizar 4 mil 238 operaciones de importación en apenas siete meses, declarar solo una décima parte del combustible que transportaba y cruzar por las aduanas de Nuevo Laredo, Ciudad Camargo, Matamoros y Reynosa sin inspecciones, no operaba gracias a su ingenio, sino gracias a un sistema que le abría el paso.
Según la fiscal Ernestina Godoy, la organización provocó un quebranto superior a los 4 mil millones de pesos mediante la importación fraudulenta de combustibles provenientes de Texas. El esquema consistía en declarar cantidades muy inferiores a las reales y, en ocasiones, registrar mercancías distintas a las que realmente ingresaban al país. El resultado era el mismo: millones de litros de combustible atravesaban la frontera sin pagar los impuestos correspondientes y sin revisiones aduaneras efectivas.
El expediente exhibe a Ruffo Appel como uno de los presuntos beneficiarios de la operación. Pero también exhibe algo mucho más incómodo: la absoluta fragilidad —o la inexplicable complacencia— de los controles aduaneros.
Porque nadie puede creer seriamente que miles de carros tanque cargados con combustible atravesaban las principales aduanas del país sin que ninguna autoridad advirtiera que donde se declaraban 10 mil litros en realidad viajaban hasta 110 mil.
Y es ahí donde la narrativa oficial comienza a hacer agua.

Durante años se ha intentado vender la idea de que el huachicol fiscal era una actividad casi invisible, realizada por sofisticadas organizaciones criminales capaces de burlar al Estado mexicano. Sin embargo, cada nueva investigación confirma exactamente lo contrario: el negocio dependía de que las aduanas dejaran pasar los cargamentos una y otra vez.
Vale la pena recordar que buena parte del periodo en que el huachicol fiscal alcanzó dimensiones industriales coincidió con las inobjetables estimaciones de la propia Auditoría Superior de la Federación: entre 2019 y 2024 el huachicol fiscal ocasionó un quebranto superior a 554 mil millones de pesos para la Hacienda Pública. Es decir, el caso Ruffo representa apenas una pieza dentro de un fenómeno muchísimo más amplio.
Por eso resulta insuficiente celebrar la detención de un exgobernador panista mientras permanece sin respuesta la pregunta esencial: ¿quién permitió que el combustible cruzara miles de veces por las aduanas mexicanas?
Porque el verdadero escándalo no es únicamente quién organizaba el contrabando.
El verdadero escándalo es que el contrabando parecía contar con la colaboración más valiosa de todas: una puerta fronteriza que nunca se cerraba.
El golpe de Ernestina G. contra Ernesto “N” parece haberse confeccionado con una doble intención: establecer de una vez por todas que el mayor fraude en la historia del país no es coto de caza exclusivo de morenistas corruptos; y desviar la atención pública sobre el debate que apesta a traición a la patria entre Marina del Pilar y Jaime Bonilla, chismerío que ya tiene muy preocupado al coordinador de los diputados morenistas, Ricardo Monreal, quien acusó que expresar sus opiniones de manera pública afecta al movimiento y a la alianza de los partidos oficialistas.





