miércoles, julio 15

Horacio Duarte se vuelve fanático de la autonomía judicial. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Cuando fue detenido su íntimo colaborador, Lino Rodríguez, no dijo ni una palabra al respecto

Ahora sí, el secretario general de Gobierno del Estado de México, Horacio Duarte Olivares, descubrió las virtudes autonómicas de la Fiscalía y del Poder Judicial. Luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum advirtiera que no habrá impunidad en el caso de la alcaldesa de Tenancingo, Nancy “N”, el funcionario aseguró que el gobierno mexiquense será “respetuoso” de las decisiones de las autoridades encargadas de investigar y juzgar.

De acuerdo con la información de Michelle Sánchez, publicada en El Sol de Toluca, Duarte insistió en que corresponde exclusivamente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México integrar las investigaciones y al Poder Judicial resolver el proceso penal, mientras el Ejecutivo estatal se limitará a mantener la coordinación institucional sin intervenir en las determinaciones judiciales. La reportera Sánchez atribuye ese repentino culto del secretario a la autonomía judicial, a la motivación presidencial.

Una postura impecable… si no fuera porque esa prudencia institucional brilló por su ausencia cuando el escándalo alcanzó a uno de los colaboradores más cercanos de Duarte.

Porque cuando el protagonista era Lino Rodríguez González, entonces coordinador general de Gobierno en la Región Sur-Sureste —es decir, uno de los principales operadores políticos bajo las órdenes directas de Duarte—, nunca se escuchó un discurso tan enfático sobre la necesidad de dejar actuar con absoluta independencia a las instituciones. El caso terminó con una liberación en tiempo récord por parte de un juez federal respecto de los delitos más graves que se le imputaban, mientras el gobierno estatal optó por el más ruidoso de los silencios.

Resulta inevitable advertir la diferencia de trato. Hoy la bandera es la autonomía judicial; ayer, frente a un asunto que golpeaba directamente al primer círculo del secretario general de Gobierno y, por tanto, al de la gobernadora Delfina Gómez, la defensa institucional fue mucho menos visible y bastante más discreta.

Por lo demás, don Horacio Duarte, beneficiario él mismo de la imperturbable impunidad en el espinoso tema del huachicol fiscal, todavía nos debe alguna reflexión sobre el linchamiento mediático con el que se suele acompañar a los “mexiquenses de corazón” metidos en aprietos, como la alcaldesa de Tenancingo Nancy Nápoles y la senadora Mariela Gutiérrez, o a opositores electoralmente bien perfilados, como el alcalde de Metepec, Fernando Flores.

La autonomía de las instituciones, al parecer, no siempre fue un principio irrenunciable. En el Estado de México da la impresión de aplicarse con la misma elasticidad con la que se administra el costo político de cada expediente.

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