miércoles, agosto 12

Sólo me abren la puerta por mi papá: Andy. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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El nepotismo y la contraseña del apellido como pase VIP en campañas adelantadas

Hay confesiones que no necesitan ser interpretadas: se explican solas. Y Andrés Manuel López Beltrán acaba de ofrecer una de esas que retratan, con una franqueza casi conmovedora, cómo funciona el privilegio político dentro de Morena.

Andy, aspirante a la candidatura de Morena a una diputación federal por el sexto distrito de Tabasco, admite que la gente le abre las puertas de sus casas porque es hijo de Andrés Manuel López Obrador.

No es una interpretación de sus adversarios. No es una acusación del PRIAN. No es una campaña negra. Lo reconoció él mismo sin siquiera ruborizarse.

Imagen publicada en las redes sociales

“Es la llave que me abre la puerta de todos los domicilios”, presumió.

Resulta que, para el heredero político de la familia López Obrador, el apellido paterno no es una carga ni un antecedente familiar: es una credencial de acceso al electorado. Una especie de pase VIP para entrar domicilio por domicilio y presentarse ante ciudadanos que, según su propia confesión, no necesariamente recibirían de la misma manera a cualquier otro político.

Y aquí aparece la pregunta que Andy no se hace: ¿qué mérito democrático hay en ser recibido por ser hijo del expresidente?

La respuesta es bastante incómoda: ninguno.

Lo que hay es nepotismo político en estado químicamente puro. El parentesco se convierte en capital electoral; el apellido, en plataforma; la popularidad del padre, en trampolín político para la carrera del hijo.

Y lo más interesante, porque raya en la desvergüenza, es que Andy no parece advertir la contradicción. Al contrario: la presume como ventaja.

Cuando un ciudadano toca una puerta para pedir el voto, se llama campaña. Cuando un aspirante recorre domicilios, se presenta ante ciudadanos y aprovecha deliberadamente su popularidad familiar para posicionarse electoralmente, resulta imposible venderlo como una simple actividad informativa, aunque doña Ariadna Montiel se desgañite en contra.

Más aún cuando el propio Andy se presenta abiertamente como aspirante a una candidatura de Morena a una diputación federal.

La ley electoral no establece que una precampaña deje de serlo porque el aspirante la llame “recorrido”, “información” o “encuentro con la ciudadanía”. Lo que importa es la naturaleza del acto, su finalidad y si existe un posicionamiento anticipado frente al electorado.

Y Andy ya está haciendo exactamente eso: recorre territorio, toca puertas, aprovecha su identidad familiar, habla con ciudadanos y construye reconocimiento precisamente en el distrito por el que pretende competir.

¿Y todavía habrá quien quiera convencernos de que todo eso es turismo informativo?

Lo verdaderamente revelador es que él mismo acaba de proporcionar el elemento que podría convertirse en evidencia de su estrategia: reconoce que su condición de hijo de López Obrador es lo que le permite entrar a los domicilios y ser escuchado.

Es decir, el apellido funciona como herramienta de promoción política.

La ironía es monumental.

Durante años, la izquierda morenista construyó buena parte de su discurso denunciando los privilegios de las familias políticas, de los “Grupos” como el Atlacomulco, de los hijos de los poderosos y las dinastías que se heredaban cargos como si fueran propiedades privadas.

Ahora resulta que el hijo del expresidente recorre Tabasco aprovechando precisamente el apellido de su padre para abrir puertas y buscar una candidatura.

La vieja política, pero con camiseta guinda.

Y hay algo todavía más revelador: Andy fue secretario de Organización de Morena y actualmente es consejero político del partido. Es decir, debería conocer perfectamente las reglas electorales y sabe que una candidatura federal no se obtiene por generación espontánea.

Por eso su explicación de que simplemente está “informando a la población” resulta escandalosamente ridícula.

Si no está haciendo campaña, ¿por qué está recorriendo justamente el territorio donde aspira a competir?

Si no está buscando posicionarse, ¿para qué necesita abrir las puertas de los domicilios?

Y si sólo está informando, ¿por qué requiere de la “llave” del apellido López Obrador?

La confesión de Andy tiene además una lectura más profunda: revela que el supuesto proyecto transformador que combatió el nepotismo de las viejas élites puede estar incubando su propia dinastía política.

 

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