martes, agosto 25

Ahora es en el Senado el forcejeo entre AMLO y Sheinbaum. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Oscar Cantón vs. Higinio Martínez, o lo que es lo mismo: Adán Augusto vs. Claudia Sheinbaum

¡Ah, qué doña Claudia! La Presidenta aseguró que no se ha comunicado con Andrés Manuel López Obrador “en mucho tiempo”, aunque aclaró que el expresidente —“el Presidente”, como todavía le dice ella— se encuentra bien, dedicado a escribir “su segundo libro”.

También aseguró que AMLO no tuvo absolutamente nada que ver con el intento fallido de asonada del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

Y aquí empieza el pequeño problema de lógica.

Si la Presidenta no ha tenido contacto con López Obrador, ¿quién le informó entonces que el señor de Palenque no intervino en la rebelión frustrada de Rocha? ¿La esposa, con quien sí mantiene comunicación, según ha dicho? ¿El coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, oreja de Palenque en Palacio Nacional? ¿Adán Augusto, hermano político del expresidente? ¿Andy? ¿Quién?

Porque una cosa es afirmar que no habla con AMLO y otra muy distinta es hablar con la certeza de quien parece tener información privilegiada sobre lo que hace, piensa o deja de hacer el padrino político de doña Claudia.

La primera mujer en ocupar la Presidencia de México carga, además, con un incómodo dolor de estómago político que no halla cómo sacudirse. Y cuesta trabajo creer que ese tormento existencial sea producto únicamente de una lealtad ciega hacia quien la encumbró.

El problema podría ser mucho más simple —y mucho más peligroso—: que las cuentas pendientes del sexenio anterior terminen llegando a su escritorio.

Ahí está el huachicol fiscal, por ejemplo. Ahí están las investigaciones y señalamientos que, con el paso del tiempo, han ido acumulando nombres, empresas, funcionarios y operadores políticos. Y ahí está la incómoda posibilidad de que una investigación verdaderamente profunda termine alcanzando no sólo a personajes del pasado, sino también a quienes hoy gobiernan.

Por eso las contradicciones.

Se pide a Estados Unidos que presente pruebas, es decir, se presume la inocencia de Rocha Moya, pero simultáneamente se evita su regreso al poder. Se asegura que la Fiscalía lo investiga, después de meses de haber solicitado licencia, como si la simple palabra “investigación” bastara para tranquilizar a una sociedad que hace tiempo dejó de creer en las instituciones de procuración de justicia.

Y cuando la Fiscalía de la 4T pretende erigirse en árbitro de la verdad, con los escandalosos antecedentes de Gertz, la credibilidad institucional no precisamente sale fortalecida.

Pero ni el performance fallido de Andy ni el eventual regreso —con más pena que gloria— de Rocha Moya, tienen la importancia política del nuevo episodio en la guerra soterrada por el control del Senado. Porque ahí está el verdadero meollo.

La columna Bajo Reserva, de El Universal, lo plantea así:

“Lucha cuerpo a cuerpo por la presidencia del Senado”.

Oscar Cantón e Higinio Martínez no ceden en su pretensión de presidir la Cámara Alta. Según la versión publicada, la disputa podría convertirse en un indicador de qué grupo de Morena controla el Senado: el de Adán Augusto López, que respalda al tabasqueño Cantón, o el de Claudia Sheinbaum, cercano al mexiquense Martínez.

Traducido al lenguaje de la política real: Cantón contra Higinio no es simplemente una pelea por la silla principal del Senado. Es Adán Augusto contra Claudia. Es Palenque contra Palacio.

Y ahí está la verdadera dimensión del asunto.

Porque si Adán Augusto recupera el control del Senado que, hasta ahora, le ha disputado la Presidenta, y si Ricardo Monreal continúa haciendo malabares entre las distintas facciones de Morena en la Cámara de Diputados, Claudia Sheinbaum podría descubrir que una cosa es ocupar la Presidencia de la República y otra muy distinta controlar al Poder Legislativo.

La disputa por la presidencia del Senado, entonces, puede parecer un pleito de tribus, pero en realidad es una medición de fuerzas por el poder sucesorio dentro de Morena.

Si gana Cantón, el mensaje será inequívoco: el obradorismo duro conserva capacidad de fuego y Adán Augusto vuelve a meter un pie —o los dos— en la estructura del poder legislativo.

Si gana Higinio, Sheinbaum podrá respirar más tranquila.

Porque el problema para la Presidenta no está solamente en la oposición, que sigue siendo electoralmente débil. Su verdadero dolor de cabeza, o de estómago, está dentro de casa. Y tiene apellido tabasqueño.

Por eso el senador Higinio Martínez –al mismo tiempo que el vocero de los diputados morenistas, Arturo Ávila–, considera que Enrique Inzunza debería pedir licencia, lo que provoca la ira de Adán Augusto y Fernández Noroña, entre otros morenistas del ala dura, mientras la presidenta Sheinbaum dijo esta mañana que sobre Inzunza y los otros 9 señalados por EU, ella piensa lo mismo que sobre Rocha Moya, aunque cada quien es responsable ante el pueblo.

El segundo round de la asonada contra Sheinbaum, inducida desde Palenque –en la víspera de la probable pérdida de la mayoría calificada en el Congreso el año próximo–, podría ser un intento preventivo de golpe legislativo de Estado.

Quien estuvo dispuesto a desafiar al país más poderoso del mundo con una carta tan insultante, está dispuesto a todo. Al Tiempo.

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