jueves, agosto 13

Sorprende el bajo nivel discursivo del jefe de la Jucopo mexiquense, Francisco Vázquez

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“El que se porte mal, que se cuide”, ¿altura del discurso que merece el Congreso mexiquense?

Por Jesús López Segura

Hay declaraciones que revelan mucho más de lo que pretenden decir. Las del presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado de México, Francisco Vázquez, recogidas ayer en Milenio Edomex, son un buen ejemplo: quiso enviar un mensaje de firmeza contra la corrupción y terminó ofreciendo una preocupante muestra de pobreza discursiva.

Ante las detenciones de funcionarios de la Secretaría del Medio Ambiente por presuntos actos de corrupción, Vázquez aseguró que existen más investigaciones, que “nadie está por encima de la ley” y que “hay piso parejo”. Hasta ahí, nada que objetar. El problema aparece cuando uno escucha la forma en que el máximo líder político del Poder Legislativo mexiquense pretende comunicar semejantes principios.

“No se protegerá a nadie; no hay nadie por encima de nadie. Confío en el trabajo del fiscal y en que la transformación en la entidad está avanzando, aunque a muchos no les guste… El llamado a todos es que deben portarse bien… El que esté haciendo cosas malas, que se cuide. Así de claro”.

¿“Que se porte bien”? ¿“Que se cuide”? ¿Estamos ante el presidente de la Jucopo de una de las entidades más importantes del país o ante el director de una primaria regañando a los alumnos durante el recreo?

El lenguaje no es un asunto menor cuando proviene de quien encabeza la conducción política del Congreso. Un legislador de semejante jerarquía debería hablar de responsabilidad administrativa, investigación ministerial, debido proceso, rendición de cuentas, sanciones y combate institucional a la corrupción. Pero Vázquez parece conformarse con una pedagogía de párvulos: pórtense bien porque los estamos viendo.

Y hay una ironía adicional que resulta imposible pasar por alto. Si el criterio moral es tan sencillo como “el que se porte mal, que se cuide”, habría que preguntarle al propio Francisco Vázquez qué entiende exactamente por “portarse bien” cuando se trata del manejo de recursos públicos y del comportamiento de quienes ejercen responsabilidades políticas de alto nivel.

Porque convendría recordar los persistentes rumores sobre su exageradamente dispendioso estilo de vida, o aquella polémica por su viaje al Super Bowl, en el que fue señalado por haber gastado una cantidad considerable de dinero en un episodio que generó cuestionamientos sobre el apego a la austeridad republicana que predica su partido. ¿También entonces estaba “portándose bien”?

La pregunta no pretende equiparar automáticamente aquel episodio con un delito ni sustituir una investigación por una condena. Pretende algo mucho más elemental: que quienes lanzan advertencias moralizantes desde la tribuna más alta de un Poder de Estado, estén dispuestos a someterse al mismo escrutinio que aplican a los demás.

La corrupción no se combate con regaños de sobremesa o jaloncitos de oreja. Se combate con instituciones eficaces, investigaciones sólidas, expedientes bien integrados, controles internos, fiscalización y sanciones congruentes de los tribunales.

Se necesita un Poder Legislativo que sepa explicar qué ley se aplicará, quién será responsable, cómo se fiscalizará y qué consecuencias habrá. No estaría demás también que como jefe de la Jucopo presentara iniciativas para castigar más severamente a los funcionarios públicos corruptos, y, finalmente, se preguntara cómo fue posible que las extorsiones a los verificentros por cuenta de directores en el área del Medio Ambiente del Ejecutivo, pasaran desapercibidas ante sus jefes inmediatos durante tanto tiempo.

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