El expediente de Andy, en la mira de Washington. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Amílcar Olán: de la austeridad republicana al paraíso suizo. Pagaba 323 mil pesos de renta
Hay mudanzas que son simples cambios de domicilio y otras que parecen auténticas operaciones de repliegue. La de Jorge Amílcar Olán Aparicio pertenece, al menos por su oportunidad, a la segunda categoría.
Apenas unos días después de que el reportero de Azteca Noticias, Irving Pineda, localizara en Suiza a Amílcar Olán –aparente operador financiero de Andrés Manuel López Beltrán y señalado periodísticamente por sus vínculos con contratos millonarios de gobiernos de la 4T–, la residencia en la que habría vivido en Lugano apareció disponible para renta: 15 mil francos mensuales, más de 323 mil pesos mexicanos.
Según la información de El Universal y el portal inmobiliario Homegate.ch, la propiedad, ubicada en la zona de Montagnola-Gentilino, tiene seis habitaciones distribuidas en tres pisos, cuatro baños, elevador, piscina, gimnasio, sauna, techos de tres metros y una vista panorámica de ensueño al lago de Lugano.
El periodista Claudio Ochoa informó que la propiedad ya está nuevamente disponible para renta, mientras Manuel López San Martín reportó que Olán habría hecho las maletas y abandonado el lugar después de ser localizado por Azteca Noticias.
Por su parte, Héctor de Mauleón (“Fuego amigo contra Amílcar Olán“. El Universal), aporta el dato político que vuelve más incómodo el episodio: el caso de Olán no sólo está siendo documentado por el periodismo, sino que ahora parece haber un cambio de clima dentro del propio entorno de la 4T. La columna vincula sus negocios y contratos con los hermanos López Beltrán, recuerda las investigaciones sobre sus movimientos financieros y el huachicol fiscal, y subraya que, pese a todo ello, la FGR no ha actuado públicamente contra él. El hallazgo de Pineda en Lugano y la reacción agresiva de Olán constituyen, para De Mauleón, la evidencia de que el personaje ya no se siente tan intocable. El remate es particularmente significativo: “el fuego amigo ya se ha abierto en su contra”.
El asunto adquiere una dimensión todavía más delicada con el reportaje de The New York Times reseñado por El Universal: dos agencias policiales estadounidenses examinan acusaciones sobre presuntos vínculos de Andrés Manuel López Beltrán con el crimen organizado y el contrabando de combustible, aunque, según cinco personas consultadas por el diario, no existe hasta ahora una investigación formal. El periódico también reporta contactos de “Andy” con funcionarios estadounidenses mediante intermediarios, sin que se hayan concretado conversaciones oficiales.
El reportaje recupera, para variar, expedientes de la Fiscalía mexicana y referencias periodísticas que han relacionado a personas del entorno de López Beltrán, particularmente al empresario Jorge Amílcar Olán, con contratos gubernamentales y presuntas operaciones de contrabando de combustible. López Beltrán no respondió a las solicitudes de comentario del diario.
Más allá de la solidez que corresponda determinar a cada señalamiento, el dato políticamente incómodo es otro: el caso ya cruzó las fronteras y llegó al radar de agencias estadounidenses, justo cuando Washington incrementa la presión sobre México para actuar contra funcionarios y operadores políticos señalados por corrupción o vínculos con organizaciones criminales.
El Times plantea así el dilema de Claudia Sheinbaum: cómo demostrar que su gobierno rompe con prácticas de corrupción sin que esa ruptura alcance el núcleo político más cercano al expresidente López Obrador. Porque, mientras las investigaciones y detenciones alcanzan a funcionarios de distintos niveles, el escrutinio sobre Andy coloca nuevamente sobre la mesa la pregunta que la 4T preferiría mantener enterrada:
¿Hasta dónde llega la voluntad de limpiar la casa cuando la sospecha toca la habitación más cercana al antiguo dueño?
Por ahora, lo único acreditado es que no existe una investigación formal estadounidense contra López Beltrán. Pero que dos agencias estén examinando acusaciones y que el caso sea objeto de un reportaje del New York Times revela que el expediente político está adquiriendo una dimensión internacional que ya no resulta sencillo despachar con una mañanera.
Y después de Lugano, Amílcar Olán, el fracaso político electoral de Mollinedo en Quintana Roo y el llamado “fuego amigo”, el apellido López Beltrán vuelve a aparecer donde menos le conviene a la narrativa de la transformación: bajo el escrutinio de Washington.





