martes, septiembre 29

Le aplican La Barredora a Andrea Chávez. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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El Verde se lleva el premio mayor de Morena y el PT, con todo y sus amagos, se va en blanco

En la repartición de las candidaturas de la 4T para 2027, Morena dejó bastante claro quién salió con las alforjas llenas y quién tendrá que conformarse con mirar desde la puerta: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) resultó el gran beneficiario de la jornada, mientras el Partido del Trabajo (PT) recibió una dosis considerable de indiferencia.

Después de más de 13 horas de negociaciones, mesas técnicas y explicaciones sobre encuestas, el PT no consiguió colocar a uno solo de sus militantes como coordinador de los estados en disputa. Apenas pudo acompañar a dos candidatos morenistas: Santiago Nieto en Querétaro e Imelda Castro en Sinaloa. Mucho ruido, muchas protestas y, al final, prácticamente nada.
El Verde tuvo una suerte bastante distinta. Morena le abrió la puerta en Nayarit, donde desplazó al ganador de las encuestas, Héctor Santana, para colocar a Jasmine Bugarín, del PVEM, bajo el argumento de la paridad de género, el cual perdió buena parte de su fuerza cuando Morena terminó cumpliendo con nueve candidaturas femeninas de las 17 entidades en disputa.

Luego apareció Manuel Cota, diputado con licencia de la bancada verde, para imponerse sobre la favorita de las encuestas en Baja California Sur, Milena Quiroga, quien ni siquiera se quedó a presenciar el nombramiento. Y en San Luis Potosí, Morena colocó a Elí Cervantes, un perfil perdedor, de escaso reconocimiento público y fuera de las encuestas citadas, dejando una competencia particularmente favorable para Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo y figura vinculada al poder del Verde en esa entidad.

Como si hiciera falta otra coincidencia, en Quintana Roo ya había sido designado Eugenio “Gino” Segura, cercano a la gobernadora Mara Lezama y considerado afín al PVEM, aunque en ese caso se trató de un evidente portazo en plena cara a Rafael Marín Mollinedo, es decir, al obradorismo duro y al huachicol fiscal, perfil promovido con recursos mexiquenses, es decir, de las arcas de doña Delfina Gómez, a quien le acaba de estallar, por cierto, el escándalo verde de las extorsiones megamillonarias a los verificentros. A ver si menciona algo al respecto en su Informe de mañana.

El resultado es difícil de disimular: mientras el PT terminó con las manos prácticamente vacías, luego de los reclamos en solitario del petista Reginaldo Sandoval -sin el apoyo de Alberto Anaya-, el Verde acumuló posiciones que podrían traducirse en hasta cuatro gubernaturas favorables a sus intereses. No extrañaría en absoluto que el PT en pleno, o solo en una de sus dos corrientes ya perfiladas, la de Reginaldo y la de Anaya, termine apoyando a Andrea Chávez, es decir a La Barredora en Chihuahua.

Y aquí aparece la ironía mayor.

La 4T lleva años repitiendo como mandamiento político aquello de “no mentir, no robar y no traicionar”. Sin embargo, la distancia entre esos principios declarados y la trayectoria política del Verde —un partido cuya historia se ha caracterizado por pragmatismo, alianzas cambiantes y una extraordinaria capacidad para acomodarse al poder en turno— difícilmente podría ser más evidente.

No se trata de juzgar aquí la conducta individual de cada candidato, sino de observar la lógica política de la alianza: el partido que proclama la superioridad moral de la transformación termina premiando electoralmente a uno de sus socios más pragmáticos, mientras castiga precisamente al PT, que presume compartir con Morena una identidad ideológica de izquierda mucho más cercana.

La moraleja de la jornada parece bastante menos doctrinaria que electoral: para la 4T, los principios pueden esperar cuando están en juego las gubernaturas.

Y así, entre encuestas que se ganan pero no necesariamente se convierten en candidaturas, criterios de paridad que aparecen en el momento oportuno y alianzas que premian al socio más pragmático, la 4T acaba de ofrecer una versión particularmente creativa de su propia doctrina:
No mentir, no robar, no traicionar… y, sobre todo, no perder la elección.

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